Colecciones de Porsche sin Porsches
Porsche es más que sus deportivos, es una forma de entender la vida, así lo demuestran aquellos porschistas que elevan su pasión por Porsche en un auténtico estilo y objetivo de vida, son los coleccionistas.
La admiración por Porsche a lo largo de todo el mundo es incuestionable. La Historia de victorias e innovación de nuestros deportivos, sumado a la emoción más racing elevada a un nivel de exclusividad de lujo hace que esta pasión por los Porsche brote de forma natural generación tras generación.
Este éxtasis de los porschistas también forma parte de nuestra esencia, pues fue el propio fanatismo de Ferry Porsche por los deportivos el que le llevó a crear el suyo ideal. Tras él, han sido varios los nombres que han impulsado nuestra evolución a través de la tradición de cumplir sueños. Este es el caso también, por ejemplo, del diseñador e ingeniero Hans Mezger que con su ingenio y liderazgo condujo a Porsche por primera vez a la victoria en Le Mans a la vez que subía un nivel de emoción a todo el Motorsport con su introducción del turbo en las carreras, entre otros grandes hitos.
Teniendo en cuenta esta pasión tan arraigada tanto en nuestra Historia como en los corazones de los amantes del Motorsport, no es de extrañar que sea capaz de contextualizar una vida. Este es el caso de los coleccionistas. Y si Porsche es mucho más que sus deportivos, existen piezas de coleccionistas de Porsche que honran este lema al no estar enfocadas en estas obras maestras de la ingeniería.
Capós convertidos en obras de arte
En un garaje que también es un estudio, Marc Clormann combina competición, ilustraciones y lenguaje de diseño con pátina en los capós de Porsche. El artista y diseñador nació entre pintores, y creativos de todo tipo, desarrollando su amor por el diseño y las interpretaciones artísticas.
Según el propio Clormann explica, a modo de reivindicación de la historia, colecciona capós de deportivos Porsche antiguos para restaurarlos y hacer su propia interpretación artística del legado de Porsche. Para este artista, no es necesario tener el vehículo completo para recordar una carrera mítica que viese hace años, sino que comprime todas esas emociones en sus capós. La historia está escrita en sus abolladuras, el óxido y otros posibles desperfectos que traen consigo estas piezas. "El metal es mi lienzo sobre el que recreo diseños históricos de carreras. Primero, los interpreto artísticamente", explica.
Entre alguna de sus piezas más preciadas, Clormann cuenta con un capó con el diseño de Gulf Racing, de fondo azul claro con rayas azules y naranjas que recuerda a uno de los coches de carreras más famosos de todos los tiempos: el Porsche 917. También ha coqueteado con el icónico ciervo de Jägermeister y su característica pintura naranja, el histórico Porsche 911 RSR de 1974 es una leyenda. Como muchos diseños de la época, la decoración de Jägermeister simboliza el valor del piloto, la innovación del fabricante, el trabajo en equipo, la ambición y la búsqueda de la perfección. "El 911 ‘Grello’ de Manthey-Racing, con su combinación de colores amarillo brillante y verde, también se convertirá en un icono de este tipo, estoy seguro de ello", predice Clormann.
Además, el diseñador afirma tardar hasta 30 horas en terminar un capó y confiesa su fascinación por los vehículos antiguos con imperfecciones e historia visible más que por aquellos que lucen brillantes en sus garajes. Clormann no se identifica como un coleccionista, sino como un creativo al que le gusta diseñar y cambiar las cosas. "Soy diseñador, conduzco un Porsche porque me encanta su estética básica, pero también me gusta optimizarlo".
Porsche y Le Mans, cuando lo mítico se encuentra
Uno de los aspectos más mágicos de una colección es que lo que puede ser un simple ático de un adosado común, es en realidad una auténtica cueva del tesoro. Este es el caso de la colección de Frank Wrobel.
Dentro del ático de una casa adosada normal, hay un tesoro escondido de objetos cinematográficos, como un guión autografiado. Casi todo está relacionado con "Le Mans" de McQueen. Esta es la historia de Frank Wrobel: un coleccionista sin par. Su ático es el hogar de lo que probablemente constituye el mayor museo de objetos cinematográficos de "Le Mans", ya que, no hay otro lugar o museo donde se puedan encontrar más accesorios originales y firmados. Su colección incluye el casco con la inscripción "Ritter", Johann Ritter, interpretado por Fred Haltiner, conducía uno de los Porsche 917 KH de la película como compañero de equipo de Michael Delaney, Steve McQueen.
La pasión de este coleccionista de “Le Mans”, película de culto para todo porschista que se enorgullezca de serlo, es el corazón del largometraje, ha logrado trasladar el corazón del film a su hogar. Frank Wrobel, ha construido una red a lo largo de muchos años que incluye a los mismísimo partidcipantes de la películaa a ambos lados de la cámara. De este modo, entre sus amistades podía contar contar con el mismísimo Siegfried Rauch.
Y cuando la épica novela gráfica de Sandro Garbo "Steve McQueen en Le Mans, el Opus final" se publicó, en octubre de 2019, Frank Wrobel volvió a formar parte de su historia: inmortalizado en un dibujo justo al lado de Steve McQueen. Frank Wrobel es más que un simple coleccionista. Es un coleccionista que ha llevado adelante la historia de la película, que ha rastreado a las personas y sus historias con una dedicación incansable y que, al hacerlo, ha armado un rompecabezas viviente a partir de los accesorios y objetos de la película de culto. En lugar de preservar las cenizas, mantiene el fuego encendido.