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El espíritu Speedster a través de tres generaciones Porsche

Tres Porsche Speedster, más de sesenta años de diferencia y una misma idea de conducción. Una colección que permite recorrer la historia de este concepto dentro de Porsche a través de sus propias generaciones.

El concepto Speedster apareció por primera vez a mediados de los años cincuenta, en un contexto muy distinto al actual. El objetivo era crear un Porsche aún más esencial, especialmente pensado para el mercado estadounidense, donde se valoraba una conducción abierta, sencilla y accesible. Así nació el Porsche 356 Speedster, un modelo que prescindía de todo lo que no fuera estrictamente necesario. Parabrisas bajo, capota ligera y desmontable, interiores simplificados y un peso contenido que permitía aprovechar al máximo la mecánica disponible. Desde entonces, el Speedster ha sido una constante reinterpretación de esa misma idea, centrada en reducir lo superfluo y dar protagonismo a la conducción.

Esa filosofía, que atraviesa décadas de historia, se materializa de forma muy clara en una colección muy concreta. Søren Dybdal ha reunido tres generaciones de Porsche Speedster que abarcan más de sesenta años de evolución. Tres coches distintos en su planteamiento técnico, pero unidos por una misma forma de entender Porsche. Todos comparten transmisión manual, tracción trasera y un uso real en carretera. No son piezas de exposición, son coches que recorren kilómetros, especialmente en rutas alpinas donde la conducción abierta cobra todo su sentido.

El primero de ellos es un Porsche 356 Pre-A Speedster de 1956. En este modelo se encuentra el origen del concepto. Basado en la arquitectura del 356, monta un motor bóxer de cuatro cilindros refrigerado por aire. En las versiones más habituales de la época, la cilindrada se sitúa en torno a los 1.582 centímetros cúbicos, con una potencia que oscila entre los 60 y los 75 caballos según configuración. El peso, en torno a los 760 kilos, define completamente su comportamiento. La conducción se basa en mantener el ritmo, en leer la carretera y en aprovechar la inercia del conjunto. La posición de conducción, la visibilidad y la ausencia de elementos innecesarios generan una conexión directa con el entorno.

Tres décadas después, el concepto regresó con una nueva interpretación basada en el 911. El Porsche 911 Speedster de 1989, perteneciente a la generación G-Model, toma como base el 911 Carrera 3.2. Incorpora un motor bóxer de seis cilindros refrigerado por aire, con 3.164 centímetros cúbicos y una potencia de 231 caballos. Mantiene la tracción trasera y una configuración que exige precisión al volante. El parabrisas es más bajo que en un 911 convencional y la cubierta trasera con doble joroba define su silueta. Este modelo combina la base técnica del 911 con una reinterpretación fiel del espíritu Speedster.

La tercera pieza de esta colección traslada ese concepto al presente. El Porsche 911 Speedster de 2019, basado en la generación 991, incorpora un motor bóxer atmosférico de seis cilindros y 4.0 litros, derivado del 911 GT3. Desarrolla 510 caballos de potencia y está asociado a una transmisión manual de seis velocidades. A nivel de chasis, utiliza componentes de los modelos GT, con un enfoque claro hacia la conducción. Su producción se limitó a 1.948 unidades, en referencia al año en el que comenzó la historia del Porsche 356.

A pesar de las diferencias entre estos tres modelos, la base conceptual se mantiene. Todos responden a la misma lógica: eliminar lo innecesario y centrar la experiencia en la conducción. El parabrisas bajo, la capota sencilla y la exposición al entorno forman parte de su carácter. Las condiciones exteriores se perciben con mayor intensidad, y la relación con la carretera es más directa.

En esta colección, ese planteamiento se mantiene en uso real. Los coches no permanecen estáticos. Se utilizan en carretera, recorren largas distancias y se integran en rutas donde la conducción abierta cobra sentido. Es ahí donde el Speedster muestra su propósito.

A lo largo de más de seis décadas, Porsche ha reinterpretado este concepto en distintas ocasiones, adaptándolo a cada época sin alterar su base. Desde el 356 original hasta el 911 más reciente, el Speedster mantiene una identidad clara dentro de Porsche. Una forma concreta de entender el deportivo, centrada en la conducción y en la relación directa entre el coche, el entorno y quien está al volante.