Compartir 

El primer 911 Turbo de Japón

Antes de convertirse en un icono global, el Porsche 911 Turbo inició su recorrido japonés con una entrega discreta pero histórica. Este ejemplar fue el primero matriculado por un cliente en Japón y uno de los Turbo más tempranos jamás producidos.

En 1975, Japón recibió un coche que no solo introducía una nueva tecnología en su mercado, sino una nueva manera de entender el rendimiento en Porsche. Aquel año, MIZWA, importador oficial de Porsche en Japón en ese momento, entregó a un cliente privado el primer Porsche 911 Turbo que llegaba al país. No se trataba de una unidad de demostración ni de un coche destinado a exhibiciones. Era una entrega real, definitiva, y marcaba el inicio de la presencia del Turbo en uno de los mercados más exigentes y técnicamente conscientes del mundo.

Para comprender la importancia de este ejemplar concreto, es necesario situarlo en el contexto del propio modelo. El Porsche 911 Turbo, conocido internamente como 930, había sido presentado apenas un año antes. Su debut supuso un punto de inflexión en la historia de Porsche. Por primera vez, la sobrealimentación mediante turbocompresor se aplicaba de forma decidida a un deportivo de calle de producción regular. Hasta entonces, el turbo estaba asociado casi exclusivamente a la competición. Porsche decidió trasladar ese conocimiento directamente al asfalto, sin suavizar el concepto ni disimular su carácter.

El 930 no era un 911 más potente. Era un coche con una personalidad completamente distinta. Su entrega de potencia, su comportamiento y su presencia visual lo diferenciaban claramente del resto de la gama. El alerón trasero fijo, concebido originalmente por necesidades técnicas, se convirtió de inmediato en un rasgo identitario. El Turbo no pretendía pasar desapercibido. Representaba la máxima expresión tecnológica de Porsche en ese momento y concentraba en un solo modelo todo el aprendizaje acumulado en competición durante la década anterior.

Que uno de los primeros ejemplares fabricados llegara tan pronto a Japón no fue casual. El mercado japonés había demostrado desde finales de los años sesenta una afinidad muy particular con Porsche, basada en el respeto por la ingeniería, la precisión mecánica y la coherencia técnica. En ese contexto, la llegada del Turbo supuso una declaración clara. Porsche no reservaba su tecnología más avanzada únicamente para Europa o Estados Unidos. Japón formaba parte de ese núcleo prioritario.

El coche del que hablamos hoy corresponde al chasis número 51. La documentación original de MIZWA confirma que los chasis 50 y 51 fueron los dos primeros Porsche 911 Turbo enviados a Japón en 1975. El número 50 se utilizó como coche de demostración. El número 51 fue el primero entregado a un cliente privado. Ese dato lo sitúa no solo como el primer Turbo matriculado por un particular en Japón, sino también como uno de los primeros Turbo jamás construidos por Porsche.

Durante décadas, este coche permaneció en manos de un único propietario. Un médico residente en Kyushu que lo adquirió nuevo y lo conservó hasta el final de su vida. Cuando la edad y la salud le impidieron seguir conduciendo, decidió guardarlo en lugar de desprenderse de él. Permaneció almacenado, protegido, durante cerca de veinte años. No fue objeto de modificaciones ni de transformaciones. Simplemente quedó en pausa, preservado de forma casi inconsciente.

Tras el fallecimiento de su propietario, fue su hijo quien contactó con Ryota Asaoka durante el proceso de gestión de la herencia. Así comenzó una nueva etapa para el coche. El hallazgo se produjo en Tokio, bajo una funda envejecida y capas de polvo acumuladas con el paso del tiempo. A pesar de la larga inactividad, la carrocería conservaba su pintura original en un estado notable. El interior mostraba los efectos de la humedad y del paso de los años, y el motor no había sido arrancado en dos décadas.

La restauración se planteó desde el inicio como un ejercicio de responsabilidad histórica. Ryota Asaoka asumió el proyecto con una premisa clara. Devolver el coche a la carretera sin borrar ninguna de las huellas que explican su recorrido vital. El trabajo comenzó por la mecánica, revisando por completo el sistema de combustible antes de intentar arrancar el motor. Posteriormente se reconstruyeron el propulsor y los principales sistemas mecánicos. Frenos y suspensión se sustituyeron por componentes correctos para la época, siempre priorizando la fidelidad al comportamiento original.

En el exterior se tomó una decisión clave. La pintura original se conservó íntegra. No hubo repintado ni intervenciones estéticas que alteraran su estado. Cada marca forma parte de su historia. En el interior se siguió exactamente el mismo criterio. Más allá de una limpieza profunda y la sustitución de las fundas de los parasoles, todo permanece tal y como estaba en 1975. Incluso se conserva una placa con el nombre del propietario original en la guantera del acompañante, un detalle que refuerza el carácter personal del coche.

Uno de los momentos más significativos del proceso tuvo lugar cuando el coche regresó a un taller vinculado históricamente a MIZWA. La reacción fue inmediata. Los mecánicos guardaron silencio. El ambiente se volvió casi solemne. No hacían falta palabras. Las expresiones en sus rostros mientras examinaban el coche reflejaban la conciencia plena de estar ante una pieza irrepetible. Gracias a su red de contactos, Ryota logró implicar en el proyecto a antiguos mecánicos de MIZWA, que comprendieron desde el primer instante la importancia de lo que tenían delante.

La historia de este Turbo también habla del cuidado que recibió durante décadas. Según el hijo del propietario original, los mecánicos de MIZWA acudían regularmente a su domicilio para realizar el mantenimiento del coche in situ. Una práctica que hoy resulta excepcional y que da medida del vínculo entre cliente, importador y coche.

Este Porsche 911 Turbo (930) ha vuelto a la carretera. Funciona y se conduce como lo hacía en sus primeros años. No necesita exagerar su importancia. La tiene. Fue el primer Turbo entregado a un cliente en Japón. Es uno de los primeros Turbo fabricados por Porsche. Ha sido restaurado sin alterar su esencia y representa un momento clave en la historia del modelo y de Porsche en el país.