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Interscope-Porsche: la leyenda del IndyCar a la que le cortaron las alas

Año 1979. Porsche ya es una de las marcas más reconocidas en competiciones que se realizan en Europa como las 24 horas de LeMans, el Infierno Verde o el Rally de Montecarlo. La pista es, para Porsche, su medio natural y en el que se siente más cómodo, sobre todo en Europa. Pero aún le falta Estados Unidos, un sueño que lleva años rondando la cabeza de la marca alemana y que en 1979, está aún más cerca.

El objetivo de Porsche era hacer una incursión en el mercado estadounidense y hacerlo a lo grande pasando a formar parte de la historia de una de las carreras americanas más importantes, las 500 millas de Indianápolis. El objetivo debía ser convertirse en uno de los participantes de la carrera en el año 1980 y cumplir así un viejo sueño que la marca alemana abandonó en 1964, el de conquistar también los Estados Unidos.

Empezar un coche de cero y con tan poco tiempo era algo inviable. Los motores Porsche ya eran ganadores y necesitaban un chasis que completara su potencia, así que buscaron un colaborador. El elegido fue Interscope Racing, equipo que ya había competido con éxito con un Porsche 935 y que contaba con un piloto ganador, el hawaiano Danny Ongais que en 1979 se convirtió en ganador de las 24 horas de Daytona con un 935.

El motor elegido fue el del indycar que ya había usado Interscope Racing, un Porsche 935 bóxer de seis cilíndros, solo que con ciertas modificaciones para adaptarse a las regulaciones del campeonato. Se redujo la cilindrada a 2.649.5 cc y se utilizó un solo turbocompresor con culatas refrigeradas por agua para evitar su sobrecalentamiento, como en el 935 apodado Moby Dick. 

Este diseño único de cuatro velocidades encajaba en el chasis monocasco de aluminio del IR01 de Interscope y estaba listo para correr. Con Danny Ongais al volante el Interscope-Porsche viajó al Ontario Motor Speedway de California para realizar pruebas de rendimiento y velocidad antes de las carreras definitivas. El coche de carreras volaba en el circuito oval de 2,5 millas cada vez más rápido, rompiendo en cada vuelta su récord de velocidad. 

Para sorpresa de Porsche, sus logros en las pruebas de Ontario se conocieron en todo el paddock y sus competidores reclamaron a la USAC, el organismo regulador de las carreras en EEUU, una revisión del motor alemán. Aunque en un primer momento la USAC permitió todas las modificaciones, tras las presiones de AJ Foyt se limitó el turbo del automóvil reduciendo su impulso a 1.62 bar, lo que disminuía muchísimo su potencia. Solo le quedaron 630 CV de fuerza que transformaba el Interscope-Porsche de un ganador a un coche mediocre.

El motor Porsche bajo el dominio de Danny Ongais y sus espectaculares cifras en las pruebas habían causado un miedo absoluto en los demás participantes. Lamentablemente, tras las modificaciones injustamente exigidas, Porsche se vio obligado a retirarse con este primer modelo antes incluso de competir porque las modificaciones de última hora suponían un coste demasiado elevado. 

El coche, que pasó directamente al museo Porsche después de haber dado solo unas vueltas de prueba, sentó las bases de los que a posteriori se usarían en este tipo de competiciones. No sería hasta el año 1984 cuando Porsche volviera a plantearse participar en las 500 millas de Indianápolis, esta vez encargándose también de la fabricación del chasis y participando con un modelo íntegramente de la marca de Stuttgart.

La colaboración Interscope-Porsche y el diseño Porsche 935 Interscope cosechó éxitos como la victoria de las 24 horas de Daytona de 1981, con Brian Redman y Bob Garretson al volante en el Kremer Racing. Un Porsche 935 con una decoración mítica en color negro que aún hoy se recuerda. 

El coche de carreras que había nacido de la combinación perfecta entre Interscope y Porsche y que se había pensado para conquistar Indianápolis, se convirtió en un indycar legendario sin siquiera participar en una sola carrera.

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