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El ADN Off Road y el Cayenne Electric

El Cayenne se entiende también fuera del asfalto. Su ADN off-road se traduce en control, precisión y adaptación al terreno en cada fase de la conducción.

El Porsche Cayenne Electric mantiene una relación directa con el uso fuera del asfalto desde su origen. En 2002, los primeros prototipos ya se enfrentaban a circuitos como Bassella, donde el desarrollo del modelo definía su capacidad en condiciones reales en terreno off road. Ese planteamiento se mantiene en la versión eléctrica.

La activación del modo off road adapta el comportamiento del deportivo para rodar sobre superficies de baja adherencia. La suspensión neumática permite elevar la carrocería y, con el paquete off road, la altura libre al suelo puede alcanzar los 250 mm, una cifra que permite afrontar obstáculos con mayor margen. Este mismo paquete modifica la geometría del vehículo. El faldón delantero específico aumenta el ángulo de ataque hasta 25°, mejorando la capacidad para afrontar pendientes y zonas técnicas en conducción fuera del asfalto.

La base de este comportamiento está en la gestión del sistema eléctrico.

El Cayenne eléctrico incorpora dos motores que permiten repartir el par de forma independiente entre ambos ejes y, en función de la situación, ajustar su aplicación en cada rueda. Este control se realiza en tiempo real y permite trabajar en situaciones como pendientes pronunciadas o cruces de puentes con un nivel de precisión que define la capacidad del conjunto.

La entrega de potencia se adapta a este entorno.

El sistema permite aplicar el par de forma inmediata y dosificada, manteniendo la tracción incluso en superficies de baja adherencia. En condiciones de off-road, esta capacidad permite avanzar de forma controlada, ajustando la fuerza en función del apoyo disponible en cada rueda.

El Cayenne eléctrico mantiene además su capacidad de uso real en este entorno. La capacidad de remolque alcanza hasta 3.500 kg, incluso con el paquete off-road, una cifra que refuerza su planteamiento como SUV capaz de trabajar con carga en condiciones exigentes.

La gestión del conjunto se apoya en el software. El sistema analiza en tiempo real parámetros como el deslizamiento de las ruedas, la inclinación del vehículo o la respuesta del conductor. A partir de estos datos, ajusta la distribución del par, la intervención del control de tracción y la estabilidad del conjunto. Este control continuo permite adaptar el comportamiento del coche en cada situación.

A este sistema se suma la suspensión activa Porsche Active Ride, capaz de gestionar los movimientos de la carrocería en milisegundos. Cada amortiguador se controla de forma individual, lo que permite mantener el coche nivelado en aceleraciones, frenadas o cambios de apoyo, incluso en terrenos irregulares. Este nivel de control influye directamente en la conducción fuera del asfalto, donde la estabilidad del conjunto resulta clave.

El Cayenne eléctrico incorpora además una batería de 113 kWh (108 kWh útiles) integrada en el suelo del vehículo. Esta configuración reduce el centro de gravedad y mejora la estabilidad en conducción, tanto en carretera como fuera de ella. Las dimensiones también forman parte de su planteamiento. Con 4.985 mm de longitud, 2,02 metros de ancho y una distancia entre ejes de 3.023 mm, el Cayenne eléctrico combina tamaño, estabilidad y capacidad para trabajar en distintos entornos. El resultado es un conjunto que mantiene la lógica del Cayenne dentro de un sistema distinto.

La capacidad off-road se basa en la coordinación de todos los sistemas del vehículo: suspensión, tracción, entrega de potencia y gestión electrónica. Este planteamiento se puede trabajar en entornos diseñados específicamente para ello. Experiencias como la Porsche Off Road Experience en Bassella permiten explorar estas capacidades en circuitos preparados con pendientes, obstáculos y superficies de baja adherencia. La próxima cita tendrá lugar el 30 de mayo, en un entorno donde el Cayenne permite desarrollar este tipo de conducción en condiciones reales.