El Porsche Tuffi Cookie y la perpetuidad del espíritu racing
El Porsche Tuffi Cookie es un 964 Cup con alma de leyenda. Forjado en la competición, transformado en RSR 3.8 y restaurado sin borrar sus cicatrices, hoy sigue rodando con toda su potencia en cada detalle.
Hay deportivos que encarnan una época, y otros que también la atraviesan entera, transformándose sin dejar de ser fieles a su instinto. Uno de esos ejemplares singulares es el “Tuffi Cookie”, un Porsche que nació con vocación de circuito y que, más de tres décadas después, sigue recorriendo caminos, pero con alma de paddock. Bajo ese apodo tan particular se esconde uno de los primeros Porsche 911 de generación 964 fabricados para la Copa monomarca de Porsche, y su historia es una de esas que solo puede escribirse con tiempo, gasolina y pasión.

El 964 Carrera Cup se presentó en 1990 como la primera versión oficial de carreras de un 911 refrigerado por aire de esa generación. Pensado para pilotos privados y campeonatos monomarca, eliminaba todo lo prescindible y ponía el foco en la ligereza, la precisión y la fiabilidad. En ese contexto, uno de los chasis destacados fue el de Tuffi Cookie, protagonista absoluto del campeonato de 1991 al lograr la victoria en manos de Olaf Manthey, figura mítica que más adelante fundaría su propio equipo de resistencia vinculado estrechamente a Porsche Motorsport, el Team Manthey. Aquel primer año fue solo el comienzo: el coche fue reconvertido para cumplir con la normativa N-GT y se preparó para participar en las exigentes 24 Horas de Nürburgring en 1992, uno de los escenarios más duros del automovilismo europeo.

Fue en ese periodo cuando el coche pasó a manos de Edgar Dören, conocido como “Mr. Porsche” por su dilatada trayectoria con la firma. Con él, el ya veterano Cup car se transformó de nuevo, esta vez en un Porsche 964 RSR 3.8 adaptado al reglamento de Grupo H, con un diseño más radical, pasos de rueda ensanchados, aerodinámica específica y un motor atmosférico que empujaba con toda la rabia de Weissach. Con esta configuración, el Tuffi Cookie se presentó en pruebas como las 24 Horas de Spa, ampliando su palmarés con nuevas victorias y consolidando su estatus como pura máquina de competición. En esa nueva piel, el coche dejó atrás la estética de carreras estándar y abrazó una configuración única y altamente personal y con su decoración en tonos violeta y azul brillante se convirtió en un sello inconfundible, más allá de los dorsales y patrocinadores. No era un homenaje ni una réplica, sino una reinterpretación moderna de un guerrero que había sido testigo de la evolución del motorsport de los años noventa.

Tras colgar el mono, el coche volvió a Alemania en la década de los 2000 para ser completamente restaurado. Y aunque la mayoría de su carrocería fue repasada a conciencia, algunos de los impactos en las aletas originales fueron preservados como testimonio de su pasado competitivo. Lejos de disimular su historia, el proyecto de restauración decidió abrazarla con honestidad, ya que, este Porsche había ganado carreras, había resistido el paso del tiempo y no necesitaba ocultar sus cicatrices. Como ocurre con muchos de los grandes deportivos históricos, esa restauración culminó con su matriculación para circular por carretera. El 964 RSR transformado sigue rugiendo, aunque lo haga entre líneas blancas en lugar de pianos de circuito. Sin embargo, no ha perdido su esencia y mantiene su “Wagenpass”, el documento oficial que recoge las 47 carreras en las que participó, así como todos sus cambios técnicos certificados.

Ese pasaporte, mucho más que una ficha técnica, es una reliquia que garantiza la autenticidad de cada etapa. En el mundo de los clásicos deportivos, no hay mayor lujo que un historial verificado. No se trata de un restomod moderno ni de una unidad replicada, sino de un verdadero Porsche de carreras con vida propia, que ha evolucionado con los años sin romper nunca el hilo que une su origen con su presente.

El motor 3.8 RSR atmosférico que lo impulsa responde con la rabia que solo un coche nacido para competir puede ofrecer. El sonido, metálico y afilado, recuerda por qué tantos apasionados consideran a los modelos de competición de los años 90 como una de las cumbres emocionales de Porsche. Todo en él transmite decisión: desde su postura ensanchada hasta el alerón trasero y las llantas de competición. Pero lo que lo hace verdaderamente especial no es solo su mecánica, ni su estética de carreras ni su valor como pieza histórica. Es esa combinación de honestidad técnica, evolución funcional y estilo inconfundible lo que convierte al Tuffi Cookie en un capítulo vivo de la historia Porsche.

Hoy sigue rodando. Ya no en la parrilla de salida de Nürburgring ni en las rectas infinitas de Spa, pero sí en carreteras donde muy pocos pueden reconocer de un vistazo que lo que va delante no es un coche clásico más. Porque solo quien conoce la historia sabrá identificar la procedencia de ese alerón, esa toma de aire, esos anclajes, esa geometría de batalla ensanchada. Y solo quien valora el legado Porsche entenderá que no todos los deportivos necesitan un museo: algunos, como este, están mejor donde siempre han estado, haciendo lo que mejor saben hacer.