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Del primer Porsche 99X Electric al nuevo Porsche 975 RSE

El 975 RSE refleja el desarrollo técnico de Porsche en Fórmula E a lo largo de varias generaciones de superdeportivos monoplaza totalmente eléctricos.

El Porsche 975 RSE fue presentado hace tan solo unos días como el nuevo monoplaza de Porsche para la próxima etapa de la Fórmula E. Desarrollado bajo la normativa GEN4, introduce un salto en prestaciones con 816 CV (600 kW) en modo ataque, tracción total permanente y una aceleración de 0 a 100 km/h en torno a 1,8 segundos, junto a velocidades máximas que pueden alcanzar los 335 km/h.

Estas cifras sitúan el nivel actual del campeonato, pero también reflejan una evolución técnica que se ha desarrollado durante más de una década. Desde el inicio de la Fórmula E en 2014 hasta la entrada de Porsche en 2019 y el desarrollo de sus distintas generaciones de monoplazas, la eficiencia, la gestión de la energía y el rendimiento han marcado el progreso de la categoría.

Cuando la Fórmula E se inauguró en 2014, el objetivo principal era la eficiencia. En sus primeras temporadas, cada piloto necesitaba dos coches por carrera porque la capacidad de la batería no permitía completar la distancia con un solo monoplaza. La gestión de la energía condicionaba el desarrollo técnico y la estrategia en pista.

Porsche se incorporó al campeonato en la temporada 2019/2020 con el Porsche 99X Electric de generación GEN2. En esta primera etapa, el desarrollo se centró en el sistema de propulsión eléctrico, trabajando sobre el motor, el inversor, la transmisión y el software de control como base del rendimiento.

Con la llegada del GEN3, Porsche dio un salto en el desarrollo del sistema de propulsión. Esa evolución alcanzó un nivel especialmente alto en el 99X Electric GEN3 Evo, donde la eficiencia superó el 97%, con menos del 3% de pérdidas de energía entre la batería y las ruedas. A medida que la eficiencia se acercó a ese nivel, el peso, la durabilidad de los componentes y los costes pasaron a ser factores cada vez más importantes dentro del desarrollo.

En esta misma etapa, la recuperación de energía adquirió un papel central. Una parte significativa de la energía utilizada en carrera procedía de la regeneración en frenada, reduciendo la dependencia de la batería y permitiendo mantener el rendimiento durante toda la prueba.

La evolución continuó con el GEN3 Evo, introducido para las temporadas 2024–2026, que reforzó las prestaciones del conjunto y permitió avanzar en la optimización del sistema de propulsión y del comportamiento en pista.

Ese desarrollo se traduce en la generación GEN4 con el 975 RSE. Por primera vez en la Fórmula E, la tracción total permanente forma parte del conjunto, lo que permite transmitir la potencia a ambos ejes y mejorar la aceleración y la estabilidad. La carga aerodinámica aumenta de forma significativa, con incrementos de hasta el 150 % respecto al GEN3 Evo, lo que mejora el agarre en curva y permite alcanzar velocidades más altas.

El conjunto alcanza un peso de 954 kilogramos sin piloto, una cifra que se mantiene dentro de un margen muy controlado teniendo en cuenta el incremento de potencia, la tracción total y la complejidad de los sistemas. En comparación, los monoplazas de generación GEN2 se situaban en torno a los 900 kilogramos, lo que muestra cómo el aumento de prestaciones se ha acompañado de una evolución muy contenida en el peso.

Este aumento de carga introduce un nuevo equilibrio. Más carga aerodinámica implica mayor resistencia al avance y, por tanto, un incremento en el consumo de energía. Para gestionarlo, Porsche trabaja con dos configuraciones aerodinámicas: una de baja carga para carrera, orientada a la eficiencia, y otra de mayor carga para calificación, donde el consumo no es determinante.

El desarrollo del 975 RSE incorpora nuevos componentes internos. Porsche desarrolla el inversor de impulsos, el motor eléctrico, la transmisión, el software operativo, el convertidor CC/CC y el sistema de frenado electrónico (brake-by-wire), además de elementos de refrigeración, subchasis y suspensión en el eje trasero. Estos sistemas forman parte del área de desarrollo permitida en Fórmula E y tienen aplicación directa en los deportivos eléctricos de carretera.

La recuperación de energía alcanza cifras especialmente relevantes en esta generación. El sistema permite una potencia de recuperación de hasta 700 kW, y entre el 40% y el 50% de la energía utilizada en carrera procede de la regeneración en frenada.

A pesar del incremento de potencia, que supone un 71% más que en la generación anterior, el desarrollo del 975 RSE también se centra en el peso y la eficiencia de los componentes. El reglamento limita el aumento del conjunto a solo 5 kilogramos, lo que obliga a optimizar cada elemento desde el punto de vista técnico.

El resultado mantiene el principio que ha definido la Fórmula E desde su inicio. La eficiencia sigue siendo el eje del desarrollo, ahora combinada con un nivel de prestaciones muy superior. La aceleración, la velocidad en curva y la velocidad máxima sitúan a los monoplazas en un nivel muy alto dentro del automovilismo eléctrico.

El 975 RSE refleja así la evolución del trabajo desarrollado por Porsche desde su entrada en el campeonato en 2019. Desde el desarrollo del sistema de propulsión en el GEN2 hasta la integración actual de potencia, eficiencia y rendimiento en el GEN4, este recorrido muestra cómo ha evolucionado la tecnología eléctrica en competición y su aplicación en los modelos de carretera.