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Cuando el Porsche 911 Carrera 3.2 se vistió de Turbo

Cuando el deportivo más icónico alcanza ya su octava generación y más de medio siglo de historia, es inevitable que nazcan infinidad de modelos con diferentes características. Algunos son sinónimo de exclusividad, otros se convierten en un adalid de la innovación y otros muchos son simplemente el sueño de cualquier amante del motor. Así ocurre por ejemplo con la serie G del 911, la segunda generación de un mito que se vendió desde 1973 hasta 1989.

La serie G comenzaba con el 911 y 911 S, ambos con motores 2.7 de 150 y 175 caballos respectivamente. En 1976 se aumentó la cilindrada y la potencia alcanzó los 200 caballos pero dos años antes de que eso pasara nacería un mito: el primer Porsche 911 Turbo. Dentro de la serie G, la más longeva de las generaciones del Porsche 911, aparecía en 1975 el Porsche 911 Turbo.

Montaba tras su eje trasero un motor bóxer de 6 cilindros y 3 litros sobrealimentado capaz de rendir 260 caballos. Con un desmesurado alerón trasero que conseguía aportar estabilidad a tanta potencia, este primer Turbo se convertía en un ejemplar salvaje.

Tres años después Porsche incorporó un nuevo motor de 3.3 litros al 911 Turbo, además del innovador intercooler. El aspecto de este modelo sería vital para futuros vehículos, ya que el acabado Turbo Look que podría vestir el 911 Carrera 3.2, saldría del aspecto de este primer 911 Turbo.

Entre 1978 y 1983 no se produjeron modelos Carrera y el único modelo de motor aspirado y trasero durante esos años fue el del 911 SC, pero a partir de 1983 -y hasta 1989- se volvió a fabricar el Porsche Carrera en tres variantes: el Porsche Carrera 3.2, el Porsche Carrera 3.2 Cabriolet y el Porsche Carrera 3.2 Targa.

El acabado Turbo Look del 911 Carrera 3.2

Porsche ofreció un acabado Turbo Look del 911 Carrera 3.2, que visualmente se asemejaba a la versión Turbo pero que conservaba las características del 911 Carrera 3.2. Un modelo con un motor de seis cilindros y 3.2 litros que conseguía desarrollar 207 caballos de fuerza.

El acabado Turbo Look tenía una carrocería muy parecida a la del 911 Turbo. Contaba con un spoiler delantero y el chasis con sistema de frenos y llantas de la versión turbo, concretamente del 911 Turbo 3.3. Con una imagen más ancha, un aspecto más rudo y una velocidad punta mayor, la diferencia entre un Porsche 911 Carrera 3.2 Coupé y su versión Turbo Look saltaba a la vista. 

La carrocería del Carrera era algo más ancha que la del 911/911 S en la zona del spoiler trasero, aspecto que se ensanchaba aún más con ese Turbo Look. Los modelos Carrera producidos a partir del año 1984 se reconocen por los intermitentes laterales del spoiler delantero, y estaba disponible de forma opcional también con un spoiler trasero plano con un reborde de goma en color negro especialmente diseñado para este modelo Carrera.

Este acabado Turbo Look también estuvo disponible para el Porsche 911 Carrera 3.2 Cabriolet, y para la versión Targa, aunque no son muchos los modelos que actualmente podemos ver en las calles, lo que convierte a los que existen en verdaderas joyas.

El 911 sigue siendo el modelo más icónico de Porsche y dentro de él hay versiones que como este Porsche 911 Carrera 3.2 Turbo Look, parecen auténticos animales mitológicos salidos de cuentos. Por suerte, de vez en cuando podemos ver uno de estos “unicornios” y sentir toda la magia que desprenden en la carretera.

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