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El sueño de Herbert Von Karajan que se transformó en un 911 mítico

El sueño de Herbert Von Karajan que se transformó en un 911 mítico

Hay coches que son mucho más que un coche. Algunos tienen la suerte de ser historia por ganar carreras, o de formar parte de la vida de alguien con su propia historia. Otros vivirán siempre para ser recordados y unos pocos son tan importantes como lo es este 911 Turbo RS único.

Herbert von Karajan fue muchas cosas, pero la primera que se viene a la cabeza de cualquier amante de la música que oiga su nombre, es genio. Nacido en Salzburgo el 5 de abril de 1908, y fallecido en Anif 81 años después, fue uno de los directores de orquesta más importantes del siglo XX. Durante treinta y cinco años dirigió la Orquesta Filarmónica de Berlín y antes, la Orquesta Sinfónica de Viena. Con ambas recorrió medio mundo. 

Pero no solo fue director de música, también fue productor, músico, director artístico y hasta un visionario del marketing. Dicen de él que estaba pendiente de todos los detalles que le rodeaban y que sobre su trabajo pesaba la losa de la perfección y la excentricidad.

Especial y meticuloso, su propia personalidad llegaba a todo lo que tocaba. No solo en el ámbito de las notas musicales, también en el de una de sus mayores pasiones: los coches. Al final de la escuela secundaria en Salzburgo en 1926, escribió sobre termodinámica y motores de combustión en su examen de graduación, y pasó tres semestres estudiando ingeniería mecánica. Los coches siempre fueron parte de su vida, desde muy joven.

Durante años tuvo predilección por nuestra marca. Condujo desde un Porsche 356 Speedster a un 550 A Spyder y dos 959, eso sin contar con que por sus manos pasaron varios 911, el modelo más icónico de Porsche y que se convirtió junto al director, en parte de la historia. 

Que Herbert von Karajan fuera un amante de los detalles se reflejó en el modelo que, bajo su tutela, se convirtió en uno de los coches más especiales que han vivido los setenta años de la historia de Porsche. En el año 1974, Karajan encargó una fantasía para su nueva adquisición, el modelo 930.

Como deseaba un coche tan especial como lo era él, encargó una remodelación con dos peticiones, una mayor ligereza y una deportividad aún más evidente que la que presentaba el coche de serie. El propio presidente de Porsche en aquel momento, Ernst Fuhrmann, fue el encargado de conseguir que el deseo del maestro se hiciese realidad, bajando el peso del 911 por debajo de los 1.140 kilos que pesaba en su origen. 

Los 240 CV que el Porsche 930 tenía de fábrica no podían rebajarse. La potencia debía mantenerse por deseo explícito de su dueño. Así, el Turbo de Herbert von Karajan se modificó con el chasis de carreras del RSR y la carrocería del Carrera RS. Además, y con el fin de reducir esos kilos que aún le sobraban, el interior se modificó eliminándose el banco trasero y sustituyéndolo por la estructura de acero de una jaula antivuelco. 

El motor, un bóxer de seis cilindros, contaba con un turbocompresor aumentado y un árbol de levas más ajustado, y no tenía radio, solo la música que siempre sonaba en la cabeza de Karajan. Hasta los tiradores de las puertas se sustituyeron por tiras de cuero para conseguir una ligereza casi imposible. 

Lo más característico de este modelo personalizado no solo era su bajísimo peso, sino que fue el primero en compartir la pintura con el 911 Carrera RSR Turbo 2.1 que quedó segundo en las 24 Horas de Le Mans de 1974. Los colores del Martini Racing eran su seña de identidad, y hasta el productor de vermut Rossi tuvo que dar permiso para que el coche del maestro Karajan tuviera esa disposición cuando se lo entregaron un año después con la firma del músico en su parte trasera.

Durante años, el automóvil, el único 911 Turbo RS del mundo, formó parte de la vida del director de orquesta hasta que en 1980 Herbert von Karajan lo vendió con apenas tres mil kilómetros, suficientes para que se convirtiera en un coche histórico que hasta hace pocos años estaba desaparecido. 

Cuesta más de tres millones de euros y no solo por ser el delicado capricho de un genio, sino porque en apenas cinco años se convirtió en una leyenda. Va por el sexto propietario, y éste ni siquiera se ha atrevido a conducirlo ni una sola vez. Y aunque durante años estuvo perdido, desaparecido para todos después de que Herbert von Karajan se deshiciera de él, sigue siendo una leyenda viva que nació de la música y la pasión. 

 

Un 911 mítico que casi 45 años después sigue siendo único e inconfundible y que parece que aún hoy, tiene parte del alma de un genio, Herbert Von Karajan. 

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