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Dan Gurney: una historia de Porsche

Dan Gurney: una historia de Porsche

Daniel Sexton Gurney (Nueva York, 13 de abril de 1931- California, 14 de enero de 2018). A lo largo de su vida, el piloto estadounidense ganó 51 de las 312 carreras que disputó, siete de ellas a bordo de un Fórmula 1. Disfrutó de mucho éxito a lo largo de su polifacética trayectoria y fue, además, el primer piloto de la historia del automovilismo en ganar una carrera de F1, una de NASCAR y una de la Serie IndyCar.

Su primera victoria en F1 fue, precisamente, en 1962, en el Gran Premio de Francia, en el coqueto circuito de Rouen, al volante del utópico monoplaza Porsche 804, en la primera y única victoria de la marca alemana como fabricante de vehículos de Fórmula 1. “No aprendí a conducir de verdad hasta que no llegué a Porsche. Ellos me dieron coches que no se rompían constantemente y pude devorar kilómetros mucho más rápido que antes”, llegó a asegurar en una entrevista agradeciendo la fiabilidad de los monoplazas del equipo para el que pilotó entre 1961 y 1962.

Era la primera vez desde 1957 que el Gran Premio de Francia se celebraba en el circuito de Rouen Les Essarts, un circuito que aprovechaba parte de la vía pública y que estaba ubicado cerca de Rouen, el municipio más importante de la región norte francesa de Normandía, a orillas del río Sena. Era conocido por ser un circuito mucho más duro de lo que parecía, con varios baches machaca suspensiones repartidos por la pista y con una peligrosa sección cuesta abajo; especialmente temida por estar formada por varias curvas rápidas que conducían directamente a la boca del lobo, a una horquilla muy lenta que se comía en todas las carreras alguno de los coches de los pilotos menos concentrados.

"Estoy resfriado, me siento como si ya hubiera corrido”, confesaba Gurney aquel 8 de Julio del 62, justo antes de prepararse para ocupar su sexto puesto en la parrilla de salida situada en la calle principal del recorrido galo. A pesar del malestar por el trancazo y de la, a priori, supuesta superioridad técnica de los monoplazas británicos, Dan era muy optimista de cara a sus posibilidades en la carrera. Además, no tenía que lidiar con los siempre competentes motores de Ferrari, que se quedaron fuera de la prueba por culpa de una huelga en Italia de los obreros metalúrgicos. "Creo que hacia el final de la carrera podemos llegar en muy buena forma”, vaticinaba el americano en la entrevista previa a la competición. Y así fue.

Su monoplaza, de 8 cilindros y refrigerado por aire (marca de la casa), fue superado al principio con facilidad por la competencia, principalmente británica. Pero el neoyorquino, conocedor de sus posibilidades, la dureza del circuito y la fiabilidad de su coche, ejecutó una inteligente carrera en la que no cometió ni un solo error.

En el transcurso de la prueba, más de la mitad de los participantes cayeron retirados dejando vía libre a Gurney, que fue escalando posiciones hábilmente en su camino hacia la cima, tomando la delantera a 13 vueltas del final. La fiabilidad de Porsche y la destreza de Gurney fueron las claves para mantenerse como líderes hasta el final, terminando muy por delante de pilotos mucho más favoritos que él sobre el papel, como Richie Ginther, Bruce McLaren o John Surtees; y escribiendo una de las páginas más singulares de la extensa historia de la gloria de Porsche.

 

El récord de Nürburgring
 

Una semana más tarde, Gurney volvió a subirse al peldaño más alto del podio, doblegando al Lotus del bicampeón del mundo Jim Clark, en el GP de Solitude, Alemania. Aunque no contaba para el campeonato, Gurney demostró su maestría al volante ante los tres cientos mil espectadores que acudieron a la cita y que disfrutaron de una impresionante carrera (en casa) con el colofón de la celebración del podio 1-2 de Porsche. Tras aquella extraordinaria carrera del equipo de Porsche de F1, la ilusión del público germano con la marca se multiplicó de cara a afrontar el resto del campeonato.

Solitude fue el preámbulo al ‘Infierno Verde’. El circuito de Nürburgring de aquella época acogía también el GP de F1 de Alemania de entonces. Allí, Dan Gurney protagonizó otro hito histórico: el primer récord oficial registrado por un Porsche en circuito. El Porsche 804, gobernado excelsamente por la leyenda estadounidense, daba la campanada, por tercera vez en menos de un mes, con un impresionante tiempo de 8:47,2s, con el que conseguía la pole y pulverizaba la mejor marca del circuito hasta el momento.

La heroica clasificación sólo sirvió para terminar en una más que digna tercera posición, a escasos 4 segundos de la cabeza, en una accidentada prueba que se desarrolló bajó las lluvias torrenciales de las montañas Eifel. La carrera fue un magnífico duelo a tres bandas entre Hill, Surtees y Gurney, en las peores condiciones para uno de los circuitos más complicados del mundo.

 

El legado de de Gurney y el epílogo de Porsche en la F1
 

Durante el resto del año, los Porsche continuaron siendo competitivos, pero no lograron más podios. Los resultados no convencieron en absoluto a Ferry Porsche y el equipo ni siquiera se presentó en la última carrera de la temporada. La marca abandonó la F1 sin anunciarlo, sin hacer ruido. Porsche dejó su huella de la mano de Gurney, pero se fue para no volver. La razón era simple: poco o nada de ese caro experimento de la F1 podía transferirse a los coches de calle, por lo que decidieron dedicarse en exclusiva a las carreras que sí lo permitían, como las GT y las de resistencia, esenciales para el desarrollo de la ingeniería automovilística.

Dan Gurney desempeñó un papel primordial para Porsche en su abrupta y escueta historia en la F1. Como consecuencia, su carrera se vio catapultada, el piloto pasó a ser uno de los más cotizados del panorama internacional y sus éxitos como piloto, y posteriormente como ingeniero, sólo acabaron de empezar. Porsche también terminó siendo clave a nivel personal en la vida de Gurney. El piloto se casó con la entonces secretaria del director deportivo de Porsche, Huschke Von Hanstein. Evi y él fueron pareja durante más de 50 años, hasta que la muerte de Dan los separó.

Dan se ha ido, pero ha dejado un legado para la eternidad que será siempre recordado por Porsche y que merece estar en la memoria de todos los aficionados al motor. Gurney ha dejado así mismo para la historia, sin saberlo en su momento, la ya clásica tradición del baño de champán en el podio. Él fue el primero en abrir la botella después de agitarla y rociar a todos los presentes en el podio a modo de spray. Lo hizo en Le Mans, también santuario Porsche. Creador de uno de los símbolos más emblemáticos del sabor de la victoria que seguirá repitiéndose en el tiempo. Ahora un poco más en su honor. Descansa en paz. Hasta siempre, Dan.

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