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Historia Porsche: Cartel "Dan Gurney Campeón del GP de Francia de F1"

Historia Porsche: Cartel "Dan Gurney Campeón del GP de Francia de F1"

La primera y única victoria de Porsche como fabricante de vehículos de Fórmula 1 se produjo en Rouen, Francia, en el mes de Julio de 1962. Han pasado ya 56 años de aquello y Porsche nunca más volvió a competir en Formula 1; de hecho, ni siquiera llegó a terminar aquella temporada, pero a Dan Gurney le dio tiempo a hacer historia.

El estadounidense escribiría una de las páginas más singulares de la gloria de Porsche, a pesar de no acabar la temporada aquel año por la orden expresa de Ferry Porsche de abandonar el proyecto a falta de una carrera. Aquella decisión del jefe le otorga incluso un carácter más especial a la estampa, más inverosímil.

Un póster para el recuerdo

Una imagen para el recuerdo que Porsche le dedicó al piloto norteamericano después de su histórica victoria en el GP de Francia. Rara vez se saltaban en Stuttgart la política de dar el máximo protagonismo al coche en sus carteles de victoria. Pero, esta vez, el último Fórmula 1 de la historia de Porsche, el 804, compartiría escena con el piloto. El legendario monoplaza Porsche 804, de 8 cilindros y refrigerado por aire, lo aguantó todo aquel día.

Era la primera vez desde 1957 que el Gran Premio de Francia se celebraba en el circuito de Rouen Les Essarts, un recorrido que aprovechaba parte de la vía pública y que estaba ubicado cerca de Rouen, el municipio más importante de la región norte francesa de Normandía, a orillas del río Sena.

Dan Gurney sabía que el circuito era mucho más duro de lo que parecía. Sus baches revienta suspensiones repartidos por la pista y la peligrosa sección cuesta abajo, formada por varias curvas rápidas que terminaban directamente en una horquilla muy lenta, suponían, en muchas ocasiones, una ‘trampa mortal’ para los coches menos duros o los pilotos más despistados.

Para colmo, Daniel padecía un buen trancazo aquel 8 de Julio del 62. Se había acatarrado un par de días antes y tuvo que correr bajo el efecto de una medicina para la tos, el dolor de garganta y la congestión nasal. Justo antes de ocupar su sexto puesto en la parrilla de salida de la calle principal del circuito galo, dijo que se sentía “como si ya hubiera corrido”. No pintaba muy bien la cosa ni para el norteamericano ni para Porsche.

Aún así, Gurney se mostró muy optimista en la rueda de prensa previa valorando sus posibilidades en la carrera. A pesar del malestar por su enfermedad y de la hipotética inferioridad técnica de su coche respecto a los monoplazas británicos, él se consideraba un legítimo y serio aspirante al podio si llegaban al final de la carrera en “buena forma” y clasificación.

Por otro lado, se había librado del casi seguro dolor de cabeza que le habrían dado los Ferrari si no fuera por la huelga italiana de obreros metalúrgicos que los dejó fuera de la prueba.

Al principio fue superado con teórica comodidad por sus adversarios británicos; pero el neoyorquino, buen sabedor de sus posibilidades, la dureza del circuito y la fiabilidad de su Porsche 804, ejecutó una inteligente carrera en la que no cometió ni un solo error.

Fueron cayendo corredores según avanzaba prueba, uno detrás de otro, hasta que más de la mitad de los participantes estaban fuera de la misma. Tanto vehículo retirado le dio vía libre a Gurney, que fue escalando posiciones hábilmente en su camino hacia la cumbre, tomando la delantera a 13 vueltas del final, con una ventaja que supo administrar impecablemente.

La fiabilidad del utópico Porsche 804 y la gran destreza de Gurney fueron las claves para no errar y mantenerse líderes hasta la conclusión. Reventando todas las apuestas, el americano acabó muy por delante de los pilotos favoritos como Richie Ginther, Bruce McLaren o John Surtees.

El galardonado piloto ha asegurado, en más de una ocasión, que no aprendió a conducir realmente hasta que no se subió a un Porsche. “Ellos me dieron coches que no se rompían constantemente y pude devorar kilómetros mucho más rápido que antes”. Y eso fue justamente lo que pasó en el GP de Francia de 1962, que Porsche hizo alarde, una vez más, de la fiabilidad de sus automóviles.

La primera y la última victoria de Porsche en la Fórmula 1

Los Porsche siguieron siendo combativos durante lo que quedó de aquella temporada, pero Dan y sus compañeros no lograron subirse a ningún otro podio. Dejaron también para el recuerdo una Pole en el Infierno Verde de Nürburgring, donde el estadounidense registró una delirante marca que pulverizó el récord de vuelta anterior del circuito, eso sí.

Pero nada de esto convenció a Ferry Porsche, que cansado de ver cómo se iba el presupuesto en lo que para él era un invento muy caro, la Fórmula 1, decidió retirar el proyecto con carácter inmediato a falta de una carrera.

Porsche se fue de la Fórmula 1 silenciosamente para no volver, dejando como el mejor elemento conmemorativo ese Póster del gran Dan Gurney, un piloto que siempre ocupará un lugar especial en el recuerdo de la familia Porsche.

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