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La versión más potente y radical del primer 911 GT2

Cuando en el año 1994 se crearon las BPR Global GT Series que estaban llamadas a sustituir los campeonatos de resistencia, las carreras se dividían en cuatro categorías: GT1, GT2, GT3 y GT4. Pertenecían a las carreras de Gran Turismo y la particularidad es que los coches participantes no eran deportivos de carreras, sino vehículos modificados que nacían de modelos de calle.

Así, en la década de los 90, y concretamente en el año 1995, Porsche quiso diseñar un deportivo que cubriera una de esas categorías de la BRP, y encontró con su 911 GT2 la oportunidad de revolucionar la recién creada BPR. La idea era sencilla, encontrar un coche que pudiera competir y circular por carretera al mismo tiempo que sedujera a amantes del motorsport.

El Porsche 911 GT2, que acaba de cumplir 25 años, comenzaba con el motor de un 911 Turbo, un bóxer de seis cilindros de 435 CV sobrealimentado con dos turbocompresores, que para cumplir con la normativa de la FIA cambiaba la tracción integral por un turbo de propulsión que le aportaba mayor ligereza y potencia.

Utilizó materiales menos pesados, como las puertas y el capó eran ahora de aluminio, los pasos de rueda eran de fibra de vidrio o los asientos de material compuesto que sustituían a los de cuero. Los cristales eran más finos y con todo ello se redujo hasta 205 kg el peso con respecto al 911 Turbo. La aerodinámica estaba más trabajada con el spoiler trasero o el rediseño del paragolpes delantero entre otras medidas, lo que conseguía una eficiencia y deportividad más marcada.

Debía ser un coche rápido, salvaje y ambicioso. Y lo conseguía. El Porsche 911 GT2 pasaba de 0 a 100 km/h en 4,4 segundos y su velocidad punta era de 295 km/h, datos que hoy, 25 años después de su lanzamiento, siguen resultando abrumadores. El GT2 era un Turbo elevado a la máxima potencia que alejaba las comodidades de un deportivo Posche en pos de la velocidad. Por eso no traía de serie comodidades como los elevalunas eléctricos o el aire acondicionado. Eran un peso extra al que un piloto estaría dispuesto a renunciar.

Con una ferocidad animal, el 911 GT2 se ganó en poco tiempo el sobrenombre de “widowmaker” (fabricante de viudas), y se convirtió en uno de esos deportivos pensados para que el máximo rendimiento solo se obtuviera en manos de un piloto profesional. 

Se fabricaron muy pocos ejemplares de este modelo, 57 en diferentes acabados, pero de él nació uno aún más exclusivo y más potente, el rarísimo 911 GT2 Evo, una evolución natural del Porsche 911 GT2 que era aún más radical.

Las ruedas y guardabarros de este GT2 Evo eran más anchos, tenía un frontal con un diseño aerodinámico diferente, un capó trasero fabricado en fibra de carbono y su alerón trasero era más ancho y alto. Además, el motor mejoró su rendimiento subiendo la potencia a 450 CV. 

Se presentó en el Salón del Automóvil de Frankfurt en el año 1995 con una librea muy especial denominada Arlequín, colorista y muy dinámica, como el mismo coche. El 911 GT2 Evo se fabricaba exclusivamente bajo pedido y solo 11 ejemplares salieron de fábrica, lo que lo convierte en uno de los ejemplares más exclusivos de Porsche. 

Una rara avis tan feroz como original.

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