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Porsche Carrera GT, un deportivo con la pureza del auténtico coche de carreras

En 1992 Porsche estaba tratando de desarrollar un motor V10 para competir con el equipo Footwork de Fórmula 1, pero el proyecto terminó escondido dentro de un cajón y no fue hasta mediados de los años 90 cuando se decidió recuperarlo para LeMans. Cuando se hizo, el proyecto terminó por volver a aplazarse y no fue hasta el año 2000 cuando llegó la verdadera magia. 

Es en ese año cuando Porsche se decidió a darle una vuelta de tuerca a su diseño y usarlo para crear lo que se convertiría en una leyenda solo al alcance de unos pocos: el Porsche Carrera GT. 

En el Salón del Automóvil de Ginebra del año 2000 se presentó al mundo un concept car con una motorización digna de un coche de carreras, pero envuelta en un coche deportivo. Un motor V10 atmosférico cuyo prototipo contaba con 558 CV y que generó tales expectativas, que provocó que su presentación definitiva se produjera tres años después y gracias al éxito de otro de los modelos de nuestra marca, el Cayenne. 

En 2003 salió a la venta con unas prestaciones aún mejores de las que se ofrecían inicialmente, 612 CV a 8.000 rpm y una velocidad máxima de 330 km/h. Y la aceleración más rápida de la historia de los deportivos hasta la fecha: de 0 a 100 km/h en 3,9 segundos y de 0 a 200 km/h en 9,9 segundos. Una serie con 1270 unidades repleta de guiños a los vehículos de competición de la marca. 

Este superdeportivo nació para hacer historia y convertirse en el más potente y rápido de su época. Al fin y al cabo, la cilindrada del motor aspirado V10 de 5,5 litros fue concebida para competir. Hasta la carrocería era similar a la de los coches de competición, fabricada en fibra de carbono y con un extractor de aire en la parte trasera para aumentar su velocidad punta, pero con detalles de deportivo, como la carrocería descapotable de dos puertas. Una máquina de competición llevada a la calle.

Contaba con canalizaciones específicas para facilitar el flujo de aire en los bajos del coche, muy pegado al suelo, que aportaban una mejora en la aerodinámica del coche, y fue uno de los primeros deportivos que tenían discos de freno carbocerámicos.

Y todo esto de forma absolutamente analógica, sin ayudas electrónicas tales como los ABS, ESP o control de tracción (TCS). La potencia se transmitía a través de una caja de cambios manual de 6 velocidades y tracción trasera, y las proporciones casi perfectas de su diseño hacían de él una obra maestra. La carrocería contaba además con un alerón retráctil capaz de desplegarse a partir de los 120 Km/h para incrementar la carga sobre el tren trasero y un techo descapotable en dos piezas. El Porsche Carrera GT huía de toda asistencia a la conducción buscando la pureza del auténtico coche de carreras. 

El interior, en cuero y aluminio, dejaban el detalle más especial de todos: el pomo de la palanca de cambios es de madera, en un precioso homenaje al 917 con el que Porsche logró sus primeras victorias en las 24 Horas de Le Mans en el año 1970 y 71. 

En 2005 fue declarado como el coche más rápido del año y en 2016, diez años después de dejar de fabricarse, el deportivo biplaza se convirtió en uno de nuestros clásicos. Sus 1270 unidades -604 de las cuales fueron vendidas en Estados Unidos- se convirtieron en objetos de coleccionista.

Su motor se pensó para competir en LeMans, su diseño le hizo nacer como un superdeportivo y terminó por convertirse en el último de su especie. El último coche deportivo sin asistencia eléctrica de ningún tipo y con toda la esencia y pureza de los coches clásicos de carreras, que ponía punto y final a la época en que la pericia del piloto era lo único necesario para sacarle el máximo partido al coche.

Un clásico legendario. Un deportivo que reúne nostalgia, un motor destinado a convertirlo en el más veloz y un precioso diseño. Un coche que se acabó convirtiendo en el último superdeportivo analógico de la historia y que aún a día de hoy, es uno de los más impresionantes de todos los tiempos. 

 

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