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Porsche GT1 en Le Mans o cómo celebrar el medio siglo de vida con una victoria

Los mejores triunfos de la vida se celebran con cava y un aniversario unido a una victoria es motivo más que suficiente para descorchar una botella y brindar. En el año 1998, Porsche brindó por el trabajo bien hecho de medio siglo que se resumió de la mejor forma posible, en el podio de las 24 horas de Le Mans.

Cuando en 1948 nacía el hambre de Porsche por las competiciones de motorsport, Ferdinand Porsche no imaginaba que la compañía que fundó conseguiría más de 70 años después seguir sumando victorias en competiciones de todo el mundo. Todo comenzó con el Porsche 356, el primero de los coches de Porsche que corrió en una carrera. 

Triunfó en numerosos rallyes, en la Mille Miglia, la Targa Florio o la Carrera Panamericana entre otras muchas, aunque siempre hubo una carrera a la que Porsche le ha tenido especial cariño, las 24 horas de Le Mans. Durante más de seis décadas ha conseguido 19 victorias absolutas en la legendaria prueba de resistencia. La primera la consiguió el 14 de junio de 1970, con un 917 KH de 580 caballos de potencia. Antes, en el año 1951, un Porsche 356 SL con el número 46 y pilotado por Auguste Veuillet y Edmond Mouche, se hacía con la primera victoria no absoluta de Porsche en Le Mans. El amor de Le Mans y Porsche comenzaba.

Aunque el 956, ganador absoluto durante cuatro años consecutivos -1982, 1983, 1984 y 1985- es sin duda el rey de Porsche en Le Mans hasta la fecha, existen otros coches que han hecho historia de una forma fabulosa. Una de las victorias más especiales para Porsche en esta carrera fue en el año 1998, justo cuando se cumplía el 50 aniversario del nacimiento de ese 356 que sería el comienzo de todo. 

Dos Porsche 911 GT1 salían a la pista el 6 de junio de 1998. Uno de ellos con el número 25 y pilotado por el trío Jörg Müller, Uwe Alzen, Bob Wollek. El otro con el número 26 y tres hombres más, Laurent Aïello, Allan McNish y Stéphane Ortelli. El Porsche GT1 del año 98 con el que corrían fue el primer deportivo de carreras de Porsche con un chasis de fibra de carbono como monocasco, que conseguía reducir el peso a 950 kilogramos. Un motor  bóxer de 6 cilindros refrigerado por agua que conseguía 600 CV de potencia y una nueva suspensión, hacían de estos dos Porsche 911 GT1 unos rivales temibles. Ambiciosos y con mucho que ganar, comenzaron la que es una de las pruebas más complicadas del mundo del motor.

La responsabilidad era enorme y las expectativas, altísimas. Si el objetivo era siempre ganar, si ese año se alcanzaba la victoria sería una hazaña épica, ya que coincidía con el 50 aniversario de ese primer coche que daba el pistoletazo de salida a la historia de Porsche. 

La competición no podía estar más reñida. Toyota envió tres de sus nuevos y extremadamente veloces GT-One que partían como favoritos por ser, a priori, los más veloces en pista. BMW apostó por el nuevo BMW V12 LM y Mercedes probó suerte con los CLK-LM. Pero Le Mans no da la victoria al coche más rápido, sino al que mejor resista esas 24 horas de velocidad sobre el duro asfalto. Cueste lo que cueste. Cada minuto cuenta. Cada hora es vital. Y los errores en esta carrera, se pagan muy caros.

Nunca el equilibrio entre resistencia, velocidad y coraje fue tan importante. Los competidores no pudieron hacer frente a las exigencias de la pista y a pesar de que Porsche no contaba con el coche más veloz, se hizo con la victoria con soltura y terminó con un primer y segundo puesto con el coche 26 y 25 respectivamente.

Esta merecida victoria ponía la guinda al aniversario de Porsche en su carrera favorita, y conseguía hacer una muesca más en las victorias absolutas de Porsche en Le Mans, logrando ese año 1998 la decimosexta conquista.

Una maravillosa forma de celebrar medio siglo de vida: haciendo historia una vez más. 

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