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Porsche y el Rally de Montecarlo: una historia de amor

En el Rally de Montecarlo de 1953, el coche con el número 315 conducido por Couchet y Nousbaum quedó en quinto lugar en la categoría de hasta 1500 ccm. Era un Porsche Type 356 Coupé, el primero de la marca que quedaba en una buena posición en esta mítica carrera que se celebra desde 1911.

Esta carrera, en la que se compite sobre asfalto y nieve en condiciones casi extremas, es un clásico ya del mundo del motor y una cita imprescindible del mes de enero. Pero no fue hasta el año 1965 cuando también para Porsche se convirtió en una de sus carreras clásicas más importantes y cuando comenzó su verdadera historia de amor.

Con un Porsche 904 GTS en manos de los pilotos alemanes Eugen Böhringer y Rolf Wütherich, y con una impresionante carrera que les llevó al segundo puesto, el año 1965 fue también el histórico año en que un 911 tuvo su primera gran participación en el Rally de Montecarlo.

El coche con el número 147, que fue restaurado cincuenta años después, alcanzó un quinto puesto en la clasificación general que supuso el punto de salida para los éxitos de ese modelo en una carrera que a día de hoy conserva su crudeza. 

El modelo, un coupé con motor bóxer trasero de seis cilindros y dos litros, era un coche válido tanto para el uso cotidiano como para luchar en una de las carreras internacionales más complicadas de la época. La parte francesa de los Alpes Marítimos tenía tramos con pendientes, peñascos y zonas muy peligrosas que los 150 cv del motor modificado del 911 querían doblegar. 

Apenas llevaba un año en el mercado, pero el Porsche 911 está destinado a hacer grandes cosas, como los pilotos que formaron la pareja en esta primera carrera. Herbert Linge y Peter Falk rodaron frente al palacio de los príncipes de Mónaco con el Porsche color rubí en una prueba que, por la nieve y las ventiscas, bien parecía una competición deportiva de invierno.

Tras dos años de restauración, el 911 parece nuevo y aún es capaz de recorrer la Costa Azul con la elegancia que dan los años y con la historia que tiene detrás. Pero no es el único affair que tuvo Porsche con el Rally de Montecarlo. 

25 de enero de 1968. Trigésimo séptimo Rally de Montecarlo. 230 equipos de toda Europa competían pero muchos ni siquiera lograron llegar a la etapa más agotadora del Rally, la que discurre de noche y por los Alpes Marítimos. Las condiciones climatológicas y la elevación del terreno hasta los 1.607 metros de altitud era apta solo para los más aguerridos.

Conducido por el piloto Vic Elford y su copiloto David Stone, el Porsche 911 T rugía entre nieve y hielo en una segunda posición tras Larrousse, que pilotaba un Renault Alpine. Pero a 200 metros de la cumbre la nieve golpeó al Alpine y el piloto perdió momentáneamente el control chocando contra una pared, dando así la victoria a Elford y el segundo puesto a Toivonen, conductor de otro de los Porsche que competían. 

El 911 seguía escribiendo su propia historia con letras de oro y para Vic Elford fue el comienzo de uno de sus mejores años. Obtuvo también su primera victoria en el Campeonato Mundial de Automóviles Deportivos y ganó el Targa Florio también con Porsche.

Ese año, 1968, empezó el reinado de los 911 en el Rally de Montecarlo, arrebatándoselo a los Mini Cooper que eran los favoritos en esta pista. Tras esa primera victoria vinieron muchas más, en el año 1969 y en 1970 Porsche repitió doblete con sus 911 y quedó en segunda posición en los siguientes dos años. En 1978 volvió a subir al podio al convertirse en ganador Jean-Pierre Nicolas con un Porsche 911 Carrera. 

Hoy es una competición que sigue en auge pero para Porsche es mucho más que eso, es un amor verdadero. Un amor a la competición más extrema, a la nieve y a los retos. Un amor al rugido del motor, a la adrenalina y a las victorias. Un amor verdadero que nos hace soñar con más podios y que seguirá en nuestra memoria por muchos años que pasen.

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