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Setenta años de estilo

Setenta años de estilo

Max Hoffman y Lloyd Wright: el vínculo común entre dos de los estetas más influyentes de América.

Conduciendo hacia el sur a través del estado de Nueva York, en dirección a Manhattan, la fría lluvia atlántica corre en riachuelos por el parabrisas y golpea el tirante techo de lona. Los pequeños limpiaparabrisas cromados de un Cabriolet 356 de otra época se mueven sin cesar, marcando el ritmo de un avance constante pero rápido.

La casa de Maximilian E. Hoffman

Ésta es la casa de Maximilian E. Hoffman: el inmigrante de tiempos de guerra que trajo los coches deportivos europeos a América. Diseñada por Lloyd Wright en 1955, la vivienda de estilo usoniano fue una de las últimas obras que creó antes de su muerte en 1959.

La casa de Maximilian E. Hoffman fue diseñada por Frank Lloyd Wright en 1955

Lloyd Wright fue uno de los pilares del diseño del siglo XX en los Estados Unidos, y se hizo popular por estas casas “Prairie”: edificios de bajo perfil con tejados inclinados y aleros generosos. Por dentro, eran generalmente de espacios diáfanos, otro concepto innovador de la época. Y todo un regalo del cielo para Hoffman, que tenía algo de visionario y estaba fascinado y cautivado por el diseño atrevido y la experimentación.

Hoffman nació en Austria en 1904. Su padre era el dueño de una fábrica de bicicletas y adoraba el automóvil de reciente invención. El joven Hoffman creció con una devoción similar y acabó dirigiendo un concesionario de Amilcar  y vendiendo selectivamente coches deportivos de gama alta a los austriacos adinerados. Pero con Europa en estado de agitación a finales de 1930, se fue a toda prisa a París y, desde ahí, al santuario de América.

Las casas “Prairie” solían ser espacios diáfanos

Estableciéndose en Nueva York, empezó a crear bisutería económica, haciendo crecer rápidamente el negocio para financiar el regreso de su primer amor: los automóviles. En 1947, fundó la Hoffman Motor Company y abrió un concesionario en el próspero Upper East Side de Manhattan.

Hoffman era tanto un adepto de la mecánica como un esteta natural. Conocía el buen diseño y era un ávido coleccionista de arte en todas sus formas. En 1950, un periodista suizo llamado Max Troesch enseñó a Hoffman fotos del primer Porsche 356 y éste encargó inmediatamente un par.

Hoffman era un esteta natural

Tras conducir los coches a su llegada a los Estados Unidos, Hoffman formó un plan que resultaría ser decisivo para todos los interesados. Viajó al Salón del Automóvil de París más tarde ese mismo año y conoció a Ferdinand Porsche. La pareja se estrechó las manos en un acuerdo para exportar 15 coches más, con Hoffman pasando a ser el hombre no oficial de la fábrica en América.

A Hoffman se le atribuyen varios momentos clave en el ascenso de la marca

Hoffman admiraba enormemente a Porsche, y se le atribuyen varios momentos clave en el rápido ascenso de la marca, incluyendo la creación del icónico 356 Speedster y la introducción del escudo de Porsche. El propio Hoffman corrió al volante del 356 en numerosos eventos amateur alrededor de Estados Unidos, generando interés en esta marca de coches deportivos en vías de expansión en una época de orgullo nacional profundamente arraigado en los V8s deboradores de gasolina del país.

Aunque las máquinas compactas alemanas costaban tanto como los Jaguars de la época, Hoffman consiguió posicionar el 356 por encima basándose en su atractivo para los conductores. “Prefería el acabado y la factura de Porsche, y el manejo del coche era excelente”, dijo Max a la revista Panorama, poco antes de su muerte. “En la subida al monte Equinox de 1951, conduje un Porsche Cabriolet por un recorrido con dos millas de nieve al final. Fui tan rápido, que Briggs Cunningham afirmó que mi tiempo era imposible y forzó a los organizadores a volver a repetir el recorrido”.

En 1950, Hoffmann viajó al Salón del Automóvil de París

En 1959, se formó la Porsche of America Corporation. Hoffman, el único importador estadounidense, tenía cinco años más para controlar los territorios del este del Misisipi, pero, a partir de 1964, la organización pasó a recaer totalmente en Stuttgart. Sin embargo, su impacto inicial en el mercado americano fue inapreciable. Un misionero del automovilismo predicando la ley de Porsche.

Aparcado bajo la puerta de la cochera que cubre la puerta principal de su casa en la actualidad, se puede ver claramente por qué Hoffman encontró un aliado en la atrevida nueva estética de Lloyd Wright. En 1954, encargó al octogenario que diseñara su nueva sala de exposiciones en Nueva York. Y, mientras se construía, Hoffman rogó a Lloyd Wright que le construyera esta casa, con vistas a Long Island Sound.

El concepto usoniano de Lloyd Wright

Una gran parte del concepto usoniano de Lloyd Wright era “de la tierra, no en la tierra”. Las casas se colocaban cuidadosamente en el paisaje, usando enormes ventanas y materiales naturales para llevar el exterior dentro. Algo especialmente valioso para un hombre como Max, cuyo exterior incluía a menudo un Porsche. Vivió aquí felizmente durante los siguientes 17 años.

Las casas se colocaban cuidadosamente en el paisaje, usando materiales naturales

Conduciendo de nuevo hacia el sur mientras anochece, el 356 se siente como una pieza vital del puzzle; su forma orgánica, su factura artesana y su espíritu perdurable se alineaban con las visiones tanto de Hoffman como de Lloyd Wright. Setenta años de juventud, un emblema del diseño del siglo XX y de la expresión más pura de la inefable leyenda Porsche.

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