50 años de los Porsche transaxle
Entre 1976 y 1995, casi 400.000 Porsche transaxle salieron de fábrica con una configuración técnica que cambió la forma de entender el equilibrio dinámico dentro de Porsche.
Hace cincuenta años, Porsche llevó a producción una arquitectura mecánica que cambiaría por completo una etapa de su historia. Entre 1976 y 1995, los modelos transaxle dieron forma a una nueva interpretación del deportivo Porsche a través de una combinación muy concreta de equilibrio, tecnología, diseño y uso diario. Durante esas dos décadas, casi 400.000 unidades de los 924, 928, 944 y 968 salieron de fábrica y construyeron una familia que todavía ocupa un lugar muy particular dentro de la historia de Porsche.

En Porsche, el término transaxle hace referencia a una configuración mecánica que busca mejorar el equilibrio dinámico del coche. El motor se sitúa en la parte delantera, mientras que la caja de cambios se coloca junto al eje trasero. Ambos conjuntos quedan unidos mediante un eje que transmite el par motor. Esta disposición permite lograr un reparto de pesos especialmente equilibrado, algo que se traduce en estabilidad, precisión y un comportamiento muy progresivo en carretera. A ello se sumaba otra característica fundamental dentro de la filosofía Porsche: combinar deportividad con una buena capacidad de uso diario.

La historia de los modelos transaxle comienza a principios de los años setenta, en un momento de transformación para la industria del automóvil. Porsche buscaba ampliar su gama y atraer nuevos perfiles de clientes sin abandonar el desarrollo de deportivos de altas prestaciones. La llegada de nuevas tecnologías, la evolución de la aerodinámica y la necesidad de ofrecer coches capaces de combinar confort, estabilidad y rendimiento abrieron la puerta a una nueva arquitectura dentro de Porsche.
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El primer paso llegó con el Porsche 924. Su origen se remonta al proyecto EA 425 desarrollado inicialmente para Volkswagen en 1972. Cuando Volkswagen descartó el proyecto en 1974, Porsche decidió retomarlo y transformarlo en su propio deportivo de producción. Presentado en 1976 y fabricado en Neckarsulm, el 924 inauguró oficialmente la era transaxle dentro de Porsche. Ligero, equilibrado y accesible dentro de la gama, abrió la puerta de Porsche a una nueva generación de clientes.


Un año después apareció el Porsche 928, probablemente el modelo más ambicioso de toda la familia transaxle. Presentado en el Salón de Ginebra de 1977, el 928 llevó esta arquitectura a un planteamiento completamente distinto: un gran turismo de altas prestaciones pensado para recorrer largas distancias a gran velocidad con un elevado nivel de confort. Su motor V8 de aleación ligera refrigerado por agua, el eje trasero Weissach y el uso de aluminio en distintas partes del chasis lo convirtieron en uno de los Porsche más avanzados tecnológicamente de su época. Su importancia dentro de Porsche fue tal que llegó a ser considerado internamente como un posible sucesor del 911.
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Durante los años ochenta, el Porsche 944 terminó convirtiéndose en el gran referente comercial de la era transaxle. Con una imagen más musculosa, un comportamiento equilibrado y versiones especialmente prestacionales como el 944 Turbo, este modelo consiguió conectar con un público muy amplio y consolidó definitivamente esta arquitectura dentro de la gama Porsche. Su equilibrio entre deportividad, facilidad de conducción y practicidad diaria definió perfectamente el espíritu transaxle.


El cierre de esta etapa llegó con el Porsche 968, presentado en 1991. Aunque mantenía la base conceptual de sus predecesores, el 968 representaba la evolución más refinada y madura de toda la filosofía transaxle. Su motor de cuatro cilindros y tres litros, con 240 CV, el sistema Variocam y un comportamiento especialmente equilibrado reflejaban el enorme desarrollo técnico alcanzado tras casi dos décadas de evolución continua.


Más allá de la ingeniería, los modelos transaxle también definieron una estética muy concreta dentro de Porsche. Los frontales bajos, los faros retráctiles, los grandes portones traseros y unas líneas muy limpias y geométricas terminaron convirtiéndose en parte de la identidad visual de esta generación. En el interior, la prioridad seguía siendo la ergonomía, la funcionalidad y la sensación de control al volante, con configuraciones que además dejaban espacio para una mayor individualización.
La década de los ochenta terminó encajando perfectamente con estos modelos. La expansión de la cultura pop, el auge tecnológico, los videojuegos, el cine y una estética marcada por luces de neón, superficies geométricas y optimismo visual crearon un contexto muy particular alrededor de los deportivos de aquella época. Los modelos transaxle terminaron representando también esa combinación entre innovación técnica, diseño y modernidad.
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La competición también sirvió para demostrar la solidez de esta arquitectura bajo las condiciones más exigentes. A partir de 1979 comenzaron las participaciones en pruebas como el Rallye de Montecarlo, el Rallye Safari o el Rallye de Australia. En resistencia, el Porsche 924 GTP participó en Le Mans durante 1980 y 1981, mientras versiones como el 924 Carrera GTS y el 924 Carrera GTR llegaron posteriormente a equipos privados. Walter Röhrl también pilotó una versión de rally derivada del 924 dentro del Campeonato Alemán de Rallyes. En Estados Unidos, el 924 consiguió además el título de la SCCA en 1980.
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Cinco décadas después del nacimiento de esta arquitectura, los 924, 928, 944 y 968 siguen representando una etapa clave dentro de la evolución técnica y cultural de Porsche. Durante 2026, el Museo Porsche rinde homenaje a esta historia a través del programa “Forever Young. Celebrating Transaxle”, con diferentes exposiciones temporales y encuentros “Transaxle Meet” organizados a lo largo del año tanto en Zuffenhausen como en otras localizaciones seleccionadas.