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El Porsche Boxster Bergspyder: la ligereza llevada al extremo
Un solo asiento, 393 CV y 1.130 kilogramos. El Porsche Boxster Bergspyder fue un prototipo único y completamente funcional creado para llevar la ligereza al extremo.
El Porsche Boxster cumple 30 años. En estas tres décadas, Porsche ha explorado distintas formas de llevar más lejos el concepto del roadster, incluso con proyectos que nunca llegaron a producción. Uno de los más extremos fue el Porsche Boxster Bergspyder.
En 2015, en Weissach volvieron a una idea que Porsche había llevado al límite casi medio siglo antes. Reducir el peso hasta quedarse con lo esencial. Esta vez, el punto de partida sería el Boxster.

La referencia estaba en las montañas. En 1968, Porsche competía en el Campeonato de Europa de Montaña, una disciplina en la que el peso podía marcar una enorme diferencia. Porsche consiguió nueve títulos europeos en once participaciones oficiales entre 1958 y 1968, una etapa en la que deportivos como el 718 RS 60, el 910 y, finalmente, el 909 llevaron la construcción ligera cada vez más lejos.
El Porsche 909 Bergspyder fue el extremo de aquella búsqueda. Preparado para competir, pesaba algo menos de 384 kilogramos, combustible incluido, y desarrollaba 275 CV. Solo se construyeron dos unidades y su trayectoria en competición fue muy breve, pero quedó en la historia como el coche de competición más ligero utilizado por Porsche. Casi medio siglo después, aquella filosofía regresó sobre una base completamente diferente.

El proyecto recibió el nombre de 981 Bergspyder. Los colores blanco y verde recordaban al 909, pero la conexión entre ambos iba mucho más allá de la pintura. Porsche quería descubrir cuánto podía aligerar un Boxster y hasta dónde podía llevar el carácter de un deportivo abierto y de motor central.
El techo fue una de las primeras cosas en desaparecer. Tampoco había un parabrisas convencional. En su lugar, un pequeño deflector transparente rodeaba el puesto de conducción y se prolongaba hacia las puertas, una solución inspirada en los Porsche de competición en montaña de finales de los años sesenta. Los tiradores de las puertas tampoco estaban.
El cambio más llamativo aparecía al mirar al otro lado del habitáculo. El asiento del acompañante había desaparecido. El Porsche Boxster Bergspyder era un monoplaza.
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Porsche aprovechó aquel espacio para crear un compartimento al que se accedía abriendo la puerta derecha. Allí podían guardarse un casco, una cubierta desmontable para el asiento del conductor y algo de equipaje.
Sobre esa zona se extendía una cubierta que llegaba hasta el compartimento del motor y dejaba a la vista únicamente el puesto de conducción. La referencia elegida esta vez estaba en otro Porsche histórico, el 356 Speedster de 1954. La primera pieza se realizó en cuero sintético y estaba previsto sustituirla por otra de fibra de carbono en una siguiente fase del proyecto.
El carbono ya se utilizaba en los paneles delantero y trasero. Porsche redujo además el material de aislamiento y optimizó distintos componentes para seguir rebajando peso. Cada decisión respondía a la misma idea con la que había empezado el proyecto.
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Pero el Bergspyder tenía que ser algo más que un Boxster al que se le habían quitado piezas. El interior dejaba buena prueba de ello. Porsche rediseñó el salpicadero utilizando elementos del Porsche 918 Spyder y siguiendo la arquitectura del superdeportivo. El asiento procedía también de la plataforma tecnológica del 918 Spyder.
Para el motor, Porsche recurrió al Cayman GT4. De él tomó el bóxer atmosférico de seis cilindros y 3,8 litros con 393 CV. La combinación con todo el trabajo realizado para reducir peso dejó al prototipo en 1.130 kilogramos en orden de marcha y una relación peso-potencia de casi 2,8 kg/CV.
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Las cifras empezaban a explicar hasta dónde había llegado aquel experimento. Porsche calculó que podía acelerar de 0 a 100 km/h en poco más de cuatro segundos y estimó un tiempo cercano a siete minutos y medio en el Nürburgring Nordschleife.
La montaña seguía estando en el origen de todo. Mucho antes del Bergspyder, las carreteras alpinas ya formaban parte del desarrollo de los deportivos Porsche. Ferry Porsche utilizaba el Grossglockner para probar los coches en sus recorridos desde Gmünd, aprovechando sus pendientes para poner a prueba la mecánica. En competición, las subidas europeas llevaron esa relación con la montaña a otro terreno y permitieron experimentar durante años con materiales y construcción ligera.
El Boxster Bergspyder recuperaba esa tradición desde una época completamente distinta. La arquitectura de motor central del Boxster y el objetivo de reducir el peso encajaban con una idea que Porsche conocía desde aquellas carreras de montaña: hacer que cada kilogramo cuente.

El prototipo llegó a ser completamente funcional y Porsche estudió la posibilidad de llevarlo a producción. Quedaba una cuestión decisiva. Su configuración planteaba dudas sobre la posibilidad de matricularlo en determinados países, algo que habría limitado los mercados en los que podría venderse. El proyecto no siguió adelante.
Solo se construyó aquel ejemplar.

Durante dos años permaneció expuesto en el Centro de Desarrollo de Weissach antes de pasar a formar parte de la colección del Museo Porsche. El público tuvo que esperar hasta 2019 para conocerlo, cuando Porsche lo presentó durante la subida al Gaisberg, cerca de Salzburgo.
El lugar tenía su propia historia. Porsche había competido allí durante años y el 909 Bergspyder había corrido en Gaisberg en 1968. Medio siglo después, el Boxster que recuperaba su nombre aparecía por primera vez ante el público en esa misma montaña.
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El Porsche Boxster Bergspyder nunca llegó a convertirse en una versión de producción. Quedó un único prototipo con un solo asiento, 393 CV y 1.130 kilogramos, construido para descubrir hasta dónde podía llegar la ligereza sobre la tercera generación del roadster.
Dentro de los 30 años del Boxster, pocos proyectos llevaron su concepto tan lejos. El Bergspyder recuperó una idea nacida en las carreras de montaña y la trasladó a Weissach casi cincuenta años después. Un Boxster reducido a lo esencial, creado para comprobar cuánto podía cambiar un deportivo cuando cada kilogramo volvía a importar.
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