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El alma deportiva más pura se llama Porsche 911 GT3

Carpe diem. Una frase que nos recuerda la celeridad de la vida y la importancia de vivir el momento. Con este pensamiento en la cabeza nacía el Porsche 911 GT3 en el año 1999, con la idea de que cada segundo conduciendo contase. El tiempo es precioso y fugaz, y al volante de este salvaje deportivo, lo es aún más.

El Salón de Ginebra fue el lugar elegido para dar a conocer al mundo a un coche de carreras pensado para conducir en carretera. Toda la deportividad extrema del motorsport puesta al servicio de cualquier conductor dispuesto a aceptar el reto. 

El último de los 911 GT3 ha sido presentado presumiendo de una aerodinámica aún mejor y apostando al máximo por todo aquello que caracteriza a un coche deportivo de competición, pero adaptado a la vida fuera de los circuitos. Pero antes de que llegara él, otros seis modelos hacían historia, comenzando por el primero de ellos que marcaba el inicio de un modelo ya icónico.

Se desarrolló a partir de un motor M96/72 "Mezger" heredado del 911 GT1 de Le Mans. Un bóxer atmosférico de seis cilindros y 3.6 litros refrigerado por agua y 360 CV. También tenía pinceladas del 911 GT2, del que utilizó la caja de cambios y un gran alerón trasero que era una de sus mayores conexiones con el mundo de la competición, y que se convertiría en un sello de todos los modelos GT3 posteriores.  

Walter Röhrl consiguió bajar de los ocho minutos en Nürburgring antes de que se presentara como el nuevo modelo de Porsche, dejando constancia de que este coche de carretera estaba pensado para las pistas más rápidas. Usaron el nombre 911 GT3 para que sirviera de enlace con la categoría GT en la que su versión de competición participaría, quedando para siempre ligado al mundo del motorsport.

Las capacidades con las que empezó el primer 911 GT3 y que ponían a prueba a los pilotos más experimentados han ido mejorando con cada nueva generación. La segunda llegaba en 2006 con el 997 y la suspensión adaptativa, el primero de los 911 GT3 en usarla. 

La edición especial del 50 aniversario de Porsche en 2013 contaba con una variante RS aún más salvaje y que de nuevo hacía un guiño a esa competición que es el alma de este deportivo. Las siglas RS son una abreviatura de "Rennsport", deportivo de carreras en alemán, que ya se habían usado por ejemplo en el mítico Carrera 2.7 RS del año 1972 o en el 911 964 RS de 1991. Una tradición deportiva a la que homenajeaba este modelo demostrando su valía al conseguir un tiempo de 7:25 minutos en una vuelta al circuito de Nürburgring Nordschleife.

En 2017, la sexta generación contaba con un motor bóxer atmosférico de seis cilindros, 4.0 litros y 500 CV, que volvió a superar a sus predecesores en el Infierno Verde logrando un tiempo de 7 minutos y 12 segundos, más rápido incluso que modelos con más potencia como el 911 GT2 RS de 620 CV.

Ahora, con la séptima generación se han añadido elementos del 911 RSR de competición como la aerodinámica, mucho más trabajada, el alerón anclado en forma de cuello de cisne o el enorme difusor. El motor atmosférico, un bóxer de seis cilindros y cuatro litros, alcanza una potencia de 510 caballos y está basado en el que utiliza el 911 GT3 R. Cuenta con un sistema de suspensión delantera con doble brazo que se basa en la del Porsche RS Spyder LMP2 de 2005 y la del 911 RSR, ganador en su categoría de las 24 Horas de Le Mans de 2017.

Y aunque tiene una carrocería más ancha y llantas más grandes conserva el mismo peso que su antecesor, lo que unido a una mayor potencia ha conseguido que la velocidad punta aumente a 320 km/h y la aceleración de 0 a 100 km/h a solo 3,4 segundos. Estas cifras le han valido para marcar un nuevo récord en Nürburgring Nordschleife, convirtiéndose en el primer modelo de producción en serie con motor atmosférico en bajar de la barrera de los siete minutos. Lars Kern consiguió un impresionante tiempo de 6:59.927.

Su interior sigue teniendo la esencia de la competición, pero toda la comodidad que un deportivo de calle de Porsche puede ofrecer. Cuenta con una nueva pantalla Track Display con toda la información de conducción relevante para circuito, y acabados como el del volante, en Race-Tex de color negro y con un agarre sin fisuras hasta en las conduciones más extremas. Las llantas negras se realzan con los aros pintados en rojo Guardia o azul Tiburón y el interior se adapta al color de la carrocería para que todo combine de una forma perfecta.

Un bestia domada que, en circuito, vuelve a sacar sus garras y muestra el máximo de su potencial. El nuevo Porsche 911 GT3 es atrevido y consigue que hasta el sonido del rugir de su motor, acelere nuestras pulsaciones. Nada mejor que un coche así para disfrutar de cada segundo y marcar en el asfalto nuestra interpretación favorita del carpe diem.

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