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El cambio PDK de doble embrague, una tecnología adelantada a su tiempo

El Porsche 956 nacía para sustituir al icónico Porsche 936 que ganó tres años en Le Mans con Jacky Ickx como piloto, pero no solo fue un potente coche de carreras. Se encargó de demostrar que el cambio PDK de doble embrague era un adelantado a su tiempo.

Diseñado por Norbert Singer en 1981, el 956 fue el primer coche de Porsche que pudo tener la caja de cambios de doble embrague (PDK). Se probó por primera vez en 1983 y en 1984 comenzó a utilizarse para competición con unos resultados impresionantes. Ese año, en las 24 Horas de Le Mans, los siete primeros puestos fueron para siete Porsche 956, quedando patente que la nueva tecnología PDK lo hacía para quedarse.

Antes incluso de utilizarlo para los Porsche 956 se buscaba una solución que acortara el tiempo entre marchas y consiguiera hacerlas más fluidas y sin que se perdiera potencia. Porsche quería unir las ventajas de un cambio manual y un cambio automático, pero en una misma pieza. En 1964 se desarrolló una transmisión de carreras de cinco velocidades con doble embrague y en 1967 Porsche ofrecía por primera vez en el 911 la transmisión semiautomática Sportomatic. Un año más tarde desarrollaba una transmisión automática con control electrohidráulico y de cuatro velocidades, pero aún no conseguían dar con la eficacia que buscaban.

En 1979, el concept car Porsche 995 contaba ya con una nueva transmisión de doble embrague que sembraría la semilla para el PDK que haría del 956 un ganador nato. El PDK que se instalaba en los Porsche 956 de competición conseguía cambiar de marcha más rápido que con una transmisión automática convencional. 

En combinación con un motor turbo como el del Porsche 956, un bóxer turbo de 6 cilindros refrigerado por aire, conseguía unos resultados excelentes y permitía que los pilotos continuaran acelerando durante los cambios de marcha. Gracias al sistema PDK se reducía el consumo y el cambio de marchas no interrumpía la tracción del coche, consiguiendo más fluidez en las transiciones de una marcha a otra. 

En el sistema de cambio PDK -llamado así porque son las siglas de Porsche Doppelkupplungsgetriebe, el nombre escogido en alemán- las marchas se distribuyen entre dos embragues separados. Uno de ellos engrana las marchas impares y la marcha atrás, y el otro las marchas pares, por lo que las transiciones entre ellas se producen de una forma totalmente automática y sin interrumpir la tracción.

Los engranajes individuales se seleccionan utilizando horquillas de cambio en un sistema parecido al de una caja de cambios manual, solo que en este caso es un sistema electrohidráulico asistido. De esta forma se consigue la simbiosis entre una caja manual y automática tal y como Porsche venía buscando desde hacía años. Los coches de calle aún no eran capaces de aprovechar este cambio PDK, y tuvieron que pasar años hasta que de las carreras pasó a los coches de serie.

Este avance tecnológico con un funcionamiento eficaz y más cómodo y dinámico, se pudo aplicar por fin en los coches de producción en serie en el año 2008, cuando los 911 Carrera y 911 Carrera S ofrecían la posibilidad de pedirse con un cambio PDK de siete velocidades. La transmisión automática Tiptronic S de estos modelos pesaba 10 kilos más y la nueva PDK opcional era un 60% más rápida. Además, el Porsche 911 Carrera en modo Sport Plus con PDK de siete velocidades alcazaba los 100 km/h en 0,4 segundos menos que la versión con transmisión manual de seis velocidades. 

Un año más tarde el Panamera se convirtió en el primer Porsche con cambio PDK de serie en algunas de sus variantes. Desde entonces el cambio PDK de doble embrague ha ido desarrollándose hasta conseguir una eficacia extrema que ya ha enamorado a los porschistas. Más de las tres cuartas partes de los Porsche 718 y 911 vendidos actualmente se equipan con el cambio PDK y existen modelos que han desechado por completo el cambio manual en toda su gama, como el Porsche Panamera o el Macan.

La transmisión PDK de doble embrague es más cómoda, eficaz y rápida y en ningún caso la deportividad queda comprometida. Ni siquiera en los motores eléctricos. Una tecnología que se adelantó a su tiempo y que a día de hoy, es un imprescindible para los deportivos de Porsche.

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