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La fotografía intacta de un ganador, el Porsche 910/8 Bergspyder

Cuando en 1963 Gerhard Mitter debutó en el campeonato mundial GP de los Países Bajos con un Porsche, no imaginaba que su relación con la marca llegaría a hacer historia. Entre los años 1965 y 1969, el piloto alemán acumuló numerosas victorias con Porsche pero fue la que obtuvo en 1967 durante el Campeonato de Europa de Montaña con un Porsche 910/8 Bergspyder, la que más hondo caló entre nosotros.

El motivo es que ese modelo se ha convertido en el primer vehículo de competición del Museo Porsche que se ha expuesto tal y como quedó 52 años atrás, tras su aclamada victoria. 

El Bergspyder 910/8 fue un hito en la historia de Porsche al aunar perfectamente potencia y ligereza. Menos de 450 kilos que alcanzaban los 100 kilómetros por hora en tres segundos gracias a su motor con propulsor bóxer de ocho cilindros que podía generar 275 CV de potencia.

Con este coche Porsche explora los límites de la tecnología ligera entre 1967 y 1968, años en los que consigue la victoria en el Campeonato de Europa de Montaña de forma consecutiva. La clave para conseguir un menor peso sin perder potencia ya se puso en marcha con el Porsche 906 Carrera 6 que hizo historia en el año 1966, cuando los materiales más pesados se sustituyeron por otros de titanio, magnesio, aluminio y plástico.

Además de un diseño de vanguardia, el Porsche 910/8 Bergspypder contaba con spoilers traseros activados por suspensión, una novedad en las carreras de finales de los años sesenta, que le permitía ganar aún más ligereza.

El estreno en competición de esta máquina histórica fue el 21 de mayo de 1967, en la subida al monte Montseny en Cataluña. Y fue el mismo Gerhard Mitter quien estrenó el modelo y lo llevó hasta su máximo exponente. Se llevó la victoria frente a Rolf Stommelen, que conducía otro 910 Bergspyder. El primero de muchos logros.


Consiguió cuatro primeros puestos y posición de podio en todas las carreras en que participó y el 3 de octubre de 1967, tras competir en la Carrera Gaisberg en Austria y ganar el Campeonato de Europa de Montaña por segundo año consecutivo, el coche fue retirado.  

Estaba en su mayor esplendor, era una máquina perfectamente engrasada que había resistido varias carreras de resistencia y que tuvo una brillante carrera. Por eso el Museo Porsche quiso mantener el vehículo tal cual, en una fotografía que conservara intacta esa autenticidad. Tal vez la pintura que antes fuera brillante ahora está desgastada, pero la historia que vive en su chasis es tan real que casi puede tocarse.


El deseo de Porsche no es que el 910/8 Bergspypder vuelva a competir, sino que cualquiera que visite el museo pueda ver un coche que más de cincuenta años después sigue intacto y que supone la fotografía perfecta de una de las tantas victorias de Porsche. El coche que llevaba más de cincuenta años en las catacumbas, ahora sería expuesto y admirado, pero en su forma original.

Alexander Klein, el jefe de de administración de vehículos del Museo Porsche, contó con la doctora Gundula Tutt en su deseo de conservar el vehículo tal y como fue. En ningún momento se planteó la posibilidad de restaurar el motor y que pudiera ponerse en marcha de nuevo. Solo querían que reflejara la historia de un coche tal y como fue.


La doctora Tutt, experta en conservación de vehículos antiguos, dirigió el proyecto que desde el primer momento se alejó de la restauración para enfocarse más en la conservación. Un largo proceso de conservación que buscaba mantenerlo y evitar desde ese momento su posterior envejecimiento en la medida de lo posible. 

“Cualquier retoque destruiría su originalidad única. No tenemos intención de devolverlo a un estado listo para conducir. El Bergspyder ha cumplido su misión: ya ha demostrado que puede conducir y ganar ”, aseguró Alexander Klein cuando se comenzó el proyecto. Y es cierto que la historia se nota hasta en el aire que envuelve el coche. 

El capó oxidado, la pintura desgastada y los asientos usados no son desperfectos, son huellas que la historia ha dejado en Porsche, y que este 910/8 Bergspyder transmite por cada uno de los centímetros que se exponen en el museo. 


Los kilómetros recorridos a toda velocidad. La adrenalina de Gerhard Mitter apretando el volante. La miel de la victoria en los labios de su piloto. Una fotografía única, real y auténtica de un coche ganador que se ha parado en el tiempo para que todos disfrutemos de su triunfo. 

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