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La leyenda del Porsche Targa

Aunque el Porsche 911 se daba a conocer al mundo en 1963, el concepto Targa apareció años después. El 911 estaba siendo todo un éxito y el Targa nacía de la necesidad de adaptación a los requisitos de seguridad que se exigían en Estados Unidos para los descapotables. 

Constituía una mezcla perfecta que permitía ya desde sus inicios disfrutar de la poderosa sensación de conducir a cielo abierto. Era un descapotable pero diferente, el primer cabriolet seguro del mundo. Contaba con un techo desmontable, una ventana trasera de plástico que podía bajarse y una barra antivuelco lo que le situaba a caballo entre un coupé y un cabriolet. Podía conducirse con el techo cerrado o con él abierto, y como el techo se trataba de una pieza desmontable, podía eliminarse de la ecuación y convertirse en un descapotable completo.

Su nombre se debe a la famosa Targa Florio, pista italiana donde Porsche cosechaba innumerables éxitos desde mediados de los años cincuenta. Aunque al principio se pensó llamar “911 Flori”, Harald Wagner -responsable Nacional de Ventas-  propuso simplemente Targa como nombre, término que en italiano significa también “número de matrícula”.

En agosto de 1965 se desarrolló la patente y en otoño de 1966 el modelo Targa comenzó a fabricarse. Esa primera generación del 911 encontró en el Targa una versión que enamoraba a los porschistas y que se convirtió en un auténtico éxito. En 1968 se incorporó de serie lo que en 1967 era solo una opción: una ventana trasera fija de cristal de seguridad y calefactable que sustituía a la de plástico.

Esos primeros años ya se vislumbró que el Targa tendría una larga vida y en la segunda generación del 911 que comenzó a fabricarse en 1973, la llamada serie G, se confirmaron las sospechas. El Targa pasó a formar parte de la familia Porsche de una forma fija y no como una alternativa simbólica al 911 cabriolet. En esta segunda generación incorporó una novedad en la apariencia del deportivo que se adaptaba a los cambios de carrocería del nuevo 911. Ahora la barra antivuelco de acero inoxidable cepillado podía escogerse en color negro. 

En otoño de 1988 la tercera generación nacía con el primer 911 con tracción integral. Cuando el 911 Carrera 4 Type 964 aterrizaba en las páginas de los libros de historia lo hacía con un diseño clásico pero renovando las piezas que lo componían. Se produjeron un total de 87.663 Targa de estas tres primeras generaciones del 911, un número que reafirmaba el éxito de la leyenda.

Tuvo que llegar el año 1993 para que el Targa se renovara en la cuarta generación del Porsche 911. El nuevo diseño del 911 nos dejaba aletas delanteras y posteriores más anchas y planas. Las segundas se prolongaban en línea recta hacia atrás y el motor y el chasis también cambiaron en la cuarta generación, la del 993. La barra antivuelco del Targa desaparecía y el techo, una pieza de cristal tintado termoaislante que iba desde el marco del parabrisas hasta la luna trasera, se encajó en una estructura de seguridad longitudinal. Contaba con un mecanismo eléctrico que le aportaba la esencia misma del Targa, convertirse de un coupé a un cabriolet con un gesto. 

La quinta generación del 911, el 996, aportó otro cambio estructural al Targa, esta vez con un nuevo capó trasero. Seguía teniendo un techo eléctrico como en el 993, con una superficie de más de 1,5 metros cuadrados -la mayor hasta la fecha-, pero fue el primer 911 en llevar un cristal trasero que podía abrirse. 

En 2006 se lanzaba el Targa de la sexta generación del 911 (997). Aunque contaba con un diseño muy similar a su antecesor, el 911 Targa pasaba a estar solo disponible en las dos variantes de tracción total: el 911 Targa 4 y el 911 Targa 4S. 

Tuvimos que esperar hasta enero de 2014, para poder volver a ver la barra antivuelco en la versión Targa del Porsche 911. La séptima generación del 911, completamente rediseñada, se presentó en 2011 pero no fue hasta tres años después que pudimos disfrutar de su versión Targa que recuperaba la idea del primer modelo. Tenía la característica barra ancha, una sección de techo desplazable sobre los asientos delanteros y una ventana trasera envolvente, pero su techo seguía siendo eléctrico. 

Una leyenda que comenzaba en el Salón Internacional del Automóvil de Fráncfort en septiembre de 1965 cuando se presentaba el primer 911 Targa y que ahora se cierra con el último 911 Targa, el de la octava generación del 911. Con este último modelo ha cerrado un círculo recuperando ese diseño clásico pero incorporando todos los avances tecnológicos que caracterizan a los deportivos de Porsche. 

Un deportivo que huele a clásico, que viste con el último diseño y que es un recordatorio perfecto de una leyenda viva, el 911 Targa.

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