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Las bodas de plata de Walter Röhrl y Porsche

Ya han pasado 25 años desde que el mejor piloto de rallies alemán de la historia, Walter Röhrl, se comprometiera por escrito a formar parte de la gran familia de Porsche como miembro del equipo de desarrollo y como representante y embajador de la firma. Este ya conocido y fructífero matrimonio tuvo también sus preliminares amorosos, en los que el bicampeón del Mundo de Rally ya coqueteaba (y algo más) con Porsche desde sus precoces años al volante.

Entonces, aquel joven pelirrojo no ganaba lo suficiente en su trabajo de administrativo en la Diócesis de Ratisbona (lo de que fue chófer del obispo fue un rumor que, sorprendentemente, duró décadas) como para comprarse uno nuevo, pero Walter tenía muy claro el coche que quería conducir, así que se hizo con un Porsche 356 de segunda mano para su uso personal. Esto fue a finales de los años 60, en tiempos de su debut en Baviera, con tan sólo 21 años. Luego hay que puntualizar que, en la veteranía del cuatro veces ganador de Montecarlo, nunca ha faltado un Porsche 911 en su garaje al frente de su colección privada.

Precisamente a bordo de un Porsche 911 de rally logró exhibirse en 1977, con una interesante actuación que le facilitó mucho las cosas para firmar con Fiat en el Mundial del año siguiente. Allí se unió a su buen amigo y copiloto Christian Geistdörfer, con el que, desde entonces, compartió salpicadero durante una década, formando un binomio inseparable que les condujo al éxito mundial en los años 80.

En 1981 Mercedes dejó colgado a der Lange (el alto, así lo llaman sus fans) para defender el título, así que aprovechó la oportunidad para subirse de nuevo y competir a bordo de un bólido de su marca favorita, un Porsche 924. Con él venció en los rallies de Hessen, Serengeti-Safari y Vorderpfalz, del campeonato alemán. También disfrutó en las 6 horas de Silverstone, imponiéndose al volante de un Porsche 935. Tras su apasionado intermedio con Porsche, volvió al Campeonato del Mundo de Rally para triunfar de nuevo en 1982.

Incluso en este punto tan dulce de su excepcional carrera como piloto profesional de rally, Röhrl estuvo involucrado en el increíble desarrollo del superdeportivo Porsche 959 y la tecnología de tracción total para el Porsche 964. Cuando firmó con Porsche a principios de 1993, sólo le puso una condición al antiguo presidente, el Dr. Wendelin Wiedeking, para hacerlo: siempre tendrán que decirle la verdad absoluta sobre los nuevos desarrollos y las mejoras de los coches.

Desde entonces, el veterano piloto germano, ha trabajado en el desarrollo y perfeccionamiento de muchos célebres lanzamientos: desde el ya mencionado 959 al Carrera GT; desde el 918 Hybrid y todas las nuevas versiones de 911 y GT, hasta el Porsche Panamera. La realidad es que Porsche ha logrado crear los coches más espectaculares del mundo tras pasar por sus expertas manos.

"Un garaje sin un Porsche 911 es solo un agujero oscuro”
 

A sus 71 años, Walter Röhrl sigue cumpliendo estrictamente con el acuerdo que firmó hace 25 porque tiene la virtud de decir siempre lo que piensa: "He aprendido una lección muy importante durante mi etapa en Porsche: el mejor rendimiento de manejo que exigimos a un automóvil deportivo llevado al límite es más de lo que los conductores profesionales necesitan”.

El próximo mes de Septiembre se cumplirán 50 años desde la primera carrera que Walter disputó. A pesar de la edad y de su gran altura (1’96), se mantiene fresco, en muy buena forma gracias a la vida tan activa que lleva. Reflexiona sobre su estilo de conducción como el igualmente experto instructor de esquí que es: "Siempre he derrapado muy poco. Eso no ofrece un gran espectáculo para los espectadores, pero me hizo el más rápido. Es similar al esquí. Cuando levantas una gran cantidad de polvo se ve muy bien, pero puedes estar seguro de que no es la mejor trazada".

Otra de las grandes frases de Röhrl, que pasarán a la historia de Porsche, la recordaba hace poco Oliver Blume, presidente del Consejo Ejecutivo de la marca. Blume explicó en una rueda de prensa que no sólo tienen que agradecer a Walter sus 25 años de particular lealtad, si no también sus expresiones, a las que se refirió como si de proverbios chinos o refranes se tratasen; en especial a una de ellas, su favorita:  "Un garaje sin un Porsche 911 es solo un agujero oscuro.”

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