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Walter Röhrl, un piloto único para Porsche

Walter Röhrl nació el 7 de marzo de 1947 en Ratisbona, Alemania, y si hay una palabra que le define es tenacidad. Por sus venas parece correr gasolina en lugar de sangre y se ha convertido por méritos propios en uno de los mejores pilotos de rallyes de todos los tiempos. Su esfuerzo, la pasión en sus carreras, su compromiso con el motorsport y su hambre de victorias le han convertido en una auténtica leyenda. Tanto, que fue el primer piloto destacado en el Salón de la Fama de la FIA que no había participado en ninguna carrera de Fórmula 1.

Aunque desde joven le apasionaron los coches, a los 16 años ya trabajaba como chófer del obispado de su ciudad natal, no fue hasta pasados los 20 años que se planteó dedicarse profesionalmente a ser piloto. Todo comenzó cuando su amigo Herbert Marecek le comentó en un viaje a la montaña que conducía como un piloto de rallyes. 

El mismo Herbert vendió las acciones de su padre en 1970 para pagar 15.000 marcos alemanes por un Porsche Safari con 120.000 kilómetros. Con él de copiloto, Walter Röhrl se presentó ese año al Rally de Baviera del Campeonato Europeo. Fueron en cabeza y lejos de sus contrincantes hasta que lamentablemente se averió su coche y tuvieron que abandonar. Era su quinto rally, y la primera de muchas carreras con Porsche.

Un año después de esa carrera un fabricante de automóviles le contrató como piloto oficial  para correr en el Rally de Alemania de 1971, y pudo dejar su trabajo de chófer para comenzar de forma oficial su carrera como piloto profesional. Ese primer año terminó tercero de la general, con dos victorias y dos segundos puestos. 

En 1974 y ya con otro equipo se coronó como vencedor en el Campeonato de Europa, aunque su verdadero sueño era ganar, aunque solo fuera una vez, el rally más legendario del mundo, el de Montecarlo. Solía pensar que se retiraría al conseguirlo, porque Walter Röhrl nunca corría por dinero, sino por demostrarse que era un buen piloto y podía hacerlo. Pero por suerte, cuando en 1980 ganó el famoso rally por primera vez, no se retiró a pesar de tener la decisión tomada. Se dio cuenta de que su vida era correr y que ahí, con el volante entre las manos, se sentía completo.

En 1981, y aunque aún no tenía contrato con Porsche, participó en algunos rallyes del Campeonato de Alemania con un Porsche 924. En el Rally de San Remo de ese mismo año Porsche le propuso participar con un 911. Todo iba sobre ruedas hasta que se rompió un semieje. El propio Walter Röhrl asegura que fue “la avería más amarga” de toda su carrera porque rozó la victoria con la punta de sus dedos. 

Un año más tarde conseguía su segundo campeonato del mundo y el Campeonato Africano de Rally, pero donde realmente se sentía cómodo era en el rally de Montecarlo donde se hizo con la victoria tres años seguidos y con tres equipos distintos. En 1987 dejó de correr en rallyes, pero no se desvinculó con el mundo del motor en ningún momento.

En 1988, por ejemplo, participó en la Trans-Am americana acompañando a Hans-Joachim Stuck y logrando dos victorias. El sinuoso circuito en las cataratas del Niágara de la Trans-Am estaba delimitado por muros de cemento que requerían de una concentración única. El entrenamiento en todos esos rallyes daría su fruto porque ya en el entrenamiento logró una ventaja de 2,6 segundos, demostrando que la velocidad y la precisión eran 100% compatibles. 

En 1990 participó en la DTM (Campeonato alemán de turismos) logrando una victoria y en 1992 continuó con carreras de resistencia con Porsche, participando en las 12 horas de Sebring, las 24 horas de Le Mans o Nürburgring. En 1993 participó de nuevo en Le Mans con un maravilloso Porsche 911 GT3 y pronto se convirtió en piloto de pruebas de Porsche. 

Amante de la gasolina, fue de los primeros en probar el Taycan 100% eléctrico y se enamoró de su alma deportiva. “Desde el primer momento sientes que estás al volante de un auténtico Porsche”. El rey de los rallyes había caído rendido a la potencia eléctrica.

Un piloto que hizo de su humildad y trabajo su mejor carta de presentación. Constante, veloz, preciso y 100% deportivo, Walter Röhrl tiene tantas cualidades en común con Porsche que la simbiosis entre ambos era algo irremediable. Un piloto único en su especie que representa todos los valores de Porsche. Walter Röhrl siempre será un rey del volante. Ahora y siempre.

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