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Magnus Walker

Magnus Walker, de soñador a coleccionista

Nació el 7 de julio de 1967 en Inglaterra. Con un estilo inconfundible, Magnus Walker es toda una celebridad no solo por haber sido un importante diseñador de moda, sino porque ha conseguido a lo largo de los años hacerse con una de las colecciones de coches más espectaculares del mundo, en la que destaca el 911.

Sheffield, al norte de Inglaterra en el condado de Yorkshire del Sur, fue la ciudad que vio crecer a Magnus Walker. Su infancia, algo conflictiva, fue clave en su vida y en su futuro porque fue entonces cuando su sueño le unió al mundo del motor. A los 10 años Walker se dió cuenta de que se había enamorado del Porsche 911 y de que necesitaba tener uno cuando creciera. Lo que entonces no sabía es que se convertiría en uno de los coleccionistas de coches más conocidos del mundo y que no habría uno, sino decenas de Porsches en su colección.

El momento del que hablamos fue en 1977, en Londres, durante el Salón Internacional del Automóvil de Earls Court. Fue con su padre y cogido de su mano vió por primera vez ese Porsche 911 Turbo 930.  “En seguida lo vi claro: era el coche de mis sueños”, asegura recordando ese instante.

Era blanco, con unas líneas en los colores de Martini Racing y ese niño de 10 años se quedó absolutamente maravillado de cada detalle. Sus líneas redondeadas, el gran spoiler trasero, los colores y la sensación de velocidad que emanaba del deportivo aún estando parado. Era tan embriagador para Walker que no conseguía separarse de él ni un momento. Cada centímetro se le quedó clavado dentro de la cabeza, como ocurre con un gran amor que se aleja pero en el que sigues pensando de una forma inevitable.

Desde entonces, el 911 siempre estuvo presente en sus pensamientos. Tanto que escribió una carta a Porsche preguntándoles si podía ser diseñador para ellos, a lo que respondieron que lo intentara de nuevo cuando terminara de estudiar. Pero la vida de Walker no era fácil entonces y acabó abandonando sus estudios.

A los 19 años, aún sin saber qué hacer con su vida, decidió huir de una ciudad que le estaba destruyendo y buscó suerte en Estados Unidos. Apenas tenía experiencia, solo había trabajado como yesero y había hecho algunas actuaciones como músico, pero sabía que su futuro no se encontraba en la ciudad que le vió nacer. Y fue al cruzar el charco cuando su sueño comenzó a tomar forma.

De la gris y húmeda Sheffield pasó a la brillante California. Allí comenzó a hacer diseños de ropa, y a personalizar cualquier prenda de segunda mano que cayera en sus manos, hasta que estableció una pequeña tienda en Venice Beach en el que vendía esa moda punk diseñada por él mismo. Creó su propia marca y su nombre fue creciendo hasta que celebridades como Madonna, Alice Cooper y Bruce Willis llevaron sus diseños.

En su ciudad natal no había deportivos, pero el joven Magnus Walker si había experimentado ya la adrenalina de la velocidad gracias a ver con su padre las carreras de Fórmula 1. Se sacó el carnet a los 21 años ya en Los Ángeles y tan solo cuatro años después compró su primer Porsche por 7.500 dólares, un 911 en color Rojo Indio. El sueño de conducirlo por fin se cumplía. Pero una vez que lo pruebas conducir un Porsche nunca es suficiente, así que siguió trabajando duro para conseguir hacerse con su segundo deportivo, un 911 T. 

Desde entonces la cifra ha seguido aumentando y ahora tiene más de cincuenta deportivos en su casa del centro de Los Ángeles. Su idea es tener un ejemplar de cada versión para entender la evolución del 911, porque además de que le gustan los coches, Walker es un apasionado de Porsche. 

No le importa comprarlos con arañazos en la pintura o desperfectos porque en sus propias palabras los coches están para conducirlos y hacerlo deja huellas. Eso le permite personalizarlos como hacía con sus prendas de ropa, dejarles su propia impronta. Su trabajo de restauración es delicado y respetuoso con la esencia de Porsche, y la gran mayoría de los coches que compra no están en las mejores condiciones. 

Todo ese trabajo hasta conseguir que tengan el mejor aspecto que puedan tener esconde tanto cariño que hace de ellos piezas realmente únicas. Pero también los colecciona porque le encanta utilizarlos. “Lo mejor de conducir un Porsche es la libertad. Abarca todos los sentidos. En cierto modo, hay una sensación de caos y de calma, todo al mismo tiempo”, asegura. 

Entre sus piezas más icónicas, un Porsche 911 turbo 964 Nº 277, el modelo elegido por Mattel para crear un juguete, con una decoración de la que Nike realizó una edición limitada de zapatillas.

El aspecto de Magnus Walker rompe las normas establecidas por completo. Su gran barba, los tejanos desgastados, las decenas de tatuajes… poco se parece a otros hombres de negocios que a cualquiera le vendría a la cabeza. No juega al golf ni tiene una casa de verano. Su único deseo es seguir recorriendo la carretera conduciendo un 911 como soñaba cuando tenía 10 años. Un sueño que ha cumplido con creces.

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