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Un momento detenido en el tiempo

¿Es posible detener el tiempo? Porsche lo ha intentado con uno de sus grandes clásicos. El Bergspyder 910/8 ha encontrado en la conservación a su mejor aliado y esta vez se ha dejado de lado la reconstrucción en pos de la autenticidad. Un coche que ganó y que ahora, más de 50 años después, conserva las huellas del tiempo en él.

El Bergspyder 910/8 era y sigue siendo la esencia de Porsche. Un coche competitivo y con un espíritu deportivo arrollador que gracias a su potencia y ligereza se convirtió en un ganador. Apenas llegaba a los 450 kg y alcanzaba los 100 km/h en tres segundos. En manos de un piloto experto era una auténtica maravilla.

Gerhard Mitter fue el encargado de que el Porsche Bergspyder 910/8 pasase a la historia como un campeón en las condiciones más extremas. El piloto alemán es considerado uno de los mejores y más versátiles de los años 60 y formó parte de la familia Porsche desde 1964. Logró durante tres años consecutivos hacerse con el Campeonato de Europa de Montaña y en 1967 lo hizo con este Bergspyder 910/8. 

En su primera carrera, el coche demostró una simbiosis perfecta con el piloto alemán. El motor con propulsor bóxer de ocho cilindros que podía generar 275 CV de potencia, ganaba en eficacia en manos del piloto que dominaba cada curva. Los spoilers traseros activados por suspensión, una novedad en las carreras de finales de los años sesenta, le permitían ganar en ligereza, y los materiales como el titanio, magnesio, aluminio y plástico estaban gramos al peso total del vehículo. 

El marco de aluminio debajo del cuerpo de fibra de vidrio pesaba 28,1 kilogramos y así, con un ligerísimo chasis, el Bergspyder 910/8 se estrenaba el 21 de mayo de 1967 en la subida al monte Montseny en Cataluña. España disfrutaba del debut de este ganador nato apenas una semana después de salir de fábrica, y su comportamiento en la carrera ya era una victoria antes incluso de que cruzara la meta en primer lugar. Era ligero y arriesgado, salvaje y tan vivo que no le costó dejar atrás a sus contrincantes.

Ese año, el Bergspyder 910/8 y Gerhard Mitter se hacían con tres victorias más y conseguían estar en el podio en las ocho duras carreras. El título de Campeón de Europa de Montaña ya estaba en manos del equipo Porsche.

El Bergspyder 910/8 se retiró tras sus triunfos ese mismo año y para conservarlo, se eliminó para siempre de sus engranajes cualquier líquido. La gasolina, el líquido de frenos y el aceite dejaron de dar vida a su interior y así, permaneció en el archivo desde entonces.

Durante más de medio siglo el 910/8 Bergspyder permaneció resguardado, como si el pasado se hubiese detenido en el tiempo en un momento mágico. Y Porsche en esta ocasión no quiso restaurarlo sino conservarlo para que fuese la expresión más viva de la autenticidad. 

El asiento monocasco desgastado, el capó rojo oxidado, el desdibujado flocado de su asiento también rojo… El tiempo ha hecho mella en él, pero gracias a la conservación se ha conseguido que este coche de carreras único haya ralentizado el tiempo y lo haya casi detenido. 

Alexander Klein, Jefe de Gestión de Vehículos del Museo Porsche, apuesta en este caso por mantener su estado original, sin interferir más allá. «El Bergspyder ha cumplido su cometido. Ha demostrado que puede correr. Y ganar. [...] Cualquier intervención sería una destrucción de esta originalidad absoluta.»

Y aunque no puede conducirse, al menos de momento, puede admirarse esa autenticidad única en cada detalle, en cada arañazo y en cada marca que los años han dejado sobre su carrocería. Charles Chaplin decía que el tiempo es el mejor autor porque siempre encuentra un final perfecto, y este final para el 910/8 Bergspyder, es sin duda uno insuperable.

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