Porsche Classic

El Porsche 993 se convirtió en un antes y un después. No solo por su majestuosa potencia y su tremenda velocidad, sino porque marcó un punto histórico para Porsche.

Podríamos decir que Porsche es una marca de película por muchas razones.

Comediante, actor, guionista y uno de los coleccionistas de coches más afamados del mundo. Jerry Seinfeld guarda en su garaje auténticas joyas de cuatro ruedas: deportivos, caravanas o coches militares, cuentan con un hueco en su repertorio.

Las 24 Horas de Le Mans siempre han sido una competición que ha dejado huella dentro de la historia de Porsche. Esta famosa carrera de resistencia lleva celebrándose año tras año desde 1923 y Porsche comenzó su andadura en ella en el año 1951.

Un auténtico Porsche en el corazón

Al principio, Alexander Fritz sólo tenía un coche oxidado de origen desconocido delante de él.

Se fundó en Stuttgart en 1931, pero fue en 1948 cuando Ferry soñó con el coche de sus sueños y al no encontrarlo, lo fabricó. El 356 aparecía como el primero de muchos en la prolífica historia de Porsche.

Durante el período en que Porsche dejó su hogar en Stuttgart para trasladarse a Gmünd, un pequeño pueblo al lado del parque natural Blockheide en Austria, fueron muchos los hitos históricos que marcaron un antes y un después en Porsche. 

Después de que Porsche marcará un antes y un después en 2002 presentando su primer SUV, llegaba la segunda generación del Cayenne en 2010, ocho años después de ese nuevo concepto dispuesto a revolucionarlo todo. Pero la segunda generación comenzaba a fraguarse mucho antes.

El lugar donde nacen los sueños. Así podría definirse de una forma bucólica el Centro de Desarrollo de Weissach en el que Porsche insufla vida a todos sus vehículos.

Son las 8 de la mañana y me dirijo hacia el circuito de Calafat, voy por la autopista, solo.

Porsche Classic en Luftgekühlt

El pasado domingo 7 de Mayo se celebró en San Pedro, California, USA, el Luftgekühlt 4, una reunión Porsche 100% sin complejos.

Si buscáramos una experiencia de conducción única podríamos imaginarnos conduciendo un descapotable en alguna carretera sinuosa de la costa mientras cae la tarde. El sol acariciando la piel, el viento en la cara. Una imagen bucólica en la que las sensaciones se incrementan en cada curva.